La reforma a la banca al desarrollo

Escrito por: Pablo Trejo

quimera

El modelo económico implementado a finales de la década de los años ochenta no ha tenido el impacto estimado sobre la economía nacional. O al menos, no ha tenido el impacto que pensaron que tendría quienes decidieron dar un volantazo (Miguel de la Madrid, Jesús Silva Herzog, Carlos Salinas, Pedro Aspe, Jaime Serra).

Quizá, en parte es porque nunca se pensó en tomar medidas que fortalecieran a profundidad el sistema financiero nacional. A lo largo de estos años ningún gobierno ha apostado por ayudar o financiar las actividades que generan el valor agregado en la economía. Por eso, sostenemos que -a la par de una reforma que replante el Sistema Nacional de Coordinación Fiscal- el país lo que necesita es una reforma financiera, que tenga por objetivo que el sector financiero se convierta en motor del crecimiento económico. La lógica de la reforma descansa en aumentar la oferta de crédito, para lo cual debe realizarse una serie de modificaciones legales que en principio buscan generar una mayor certidumbre a las instituciones financieras. Nuestra propuesta consta de 3 puntos:

  1. Es prioritario contar con una política económica que favorezca el desarrollo y que profundice el financiamiento de las actividades productivas del país. Ello debe vincularse con el planteamiento de una estrategia bien definida, que establezca los sectores bajo los cuales se concibe la construcción de una nueva etapa de crecimiento económico vigoroso y sostenido. Sobre dicho esquema debe establecerse la redefinición de la banca de desarrollo, mecanismo financiero que debe ser el encargado instrumentar y canalizar los recursos económicos a regiones, proyectos y empresas que se consideren esenciales en la planificación del crecimiento. Realizar cambios que favorezcan el otorgamiento es necesario, pero también insuficiente si ello no está focalizado y orientado a las actividades productivas más relevantes y con mayor capacidad de influencia sobre el resto de la economía. No puede olvidarse que el concepto de la banca de desarrollo se encuentra vinculado a la política económica de los gobiernos, por lo que se le debe gestionar bajo esta lógica. Hay una gran oportunidad: la banca de desarrollo puede ser un factor estabilizador en épocas de restricción financiera y un mecanismo de competencia hacia la banca comercial cuando la misma no canalice el crédito suficiente a la actividad productiva. El enfoque es el siguiente: la banca de desarrollo debe ser un actor dinámico, que promueva y facilite la inversión en aspectos fundamentales para la estrategia de política económica.
  2. Por ello, el siguiente punto es la vinculación de la actividad económica. Hay que hacer constantes mediciones que permitan conocer la dinámica y tendencia de los sectores estratégicos de desarrollo del país, a lo cuales se favorece con el crédito otorgado por la banca de desarrollo. Enfocarse en monitorear la cantidad de recursos canalizados a la economía es insuficiente, en realidad lo relevante es conocer sus resultados, y a partir de ello ajustar las estrategias. El análisis del crédito debe incluir además del riesgo de impago (que ya se encuentra cubierto con las garantías de por medio), el análisis del impacto que tendrá el financiamiento y la inversión sobre el crecimiento económico. Finalmente se deben incluir mecanismo de evaluación que permitan la retroalimentación constante de la Banca de Desarrollo, para conocer si se está llevando a cabo el cumplimiento o no de su objetivo principal: una herramienta de política económica que promueva el desarrollo.
  3. Dar capacidad de gestión a la banca de desarrollo tiene el objetivo de permitirle llegar y hacer frente a la realidad propia de cada estado y municipio, considerar sus limitantes de financiamiento, para que pueda proporcionarse un desarrollo ulterior integral y equitativo, pero siempre interrelacionado con la estrategia nacional. Si bien el otorgamiento del crédito es esencial, ello no necesariamente garantiza que por este hecho la economía crezca a una tasa superior a la observada en las últimas décadas. Una de las razones es la precaria educación económica y financiera de la población, prácticamente no existe hasta los niveles de bachillerato, por lo cual es complicado que la mayor parte de los ciudadanos pueda realizar una revisión correctamente informada sobre la característica de los instrumentos financieros que se le ofertan así como diferenciar entre las distintas alternativas.

Se nos ha olvidado que es esencial el contar con una Banca de Desarrollo que genere crecimiento económico, ya que su contribución al mismo implicaría una mejora en las condiciones productivas y sociales. Así, la banca de desarrollo debe promover el crecimiento productivo y la creación y sostenibilidad en las empresas de mayor valor agregado o en donde la banca comercial no quiera asumir el riesgo. Lo anterior sin olvidar que parte de su función es atender los requerimientos estructurales más básicos fomentando mayores niveles de inversión, la generación de empleos suficientes y dignos, así como las necesidades más esenciales de la población, particularmente de la más vulnerable.

http://www.elpuntocritico.com/columna-quimera-pablo-trejo/144417-la-reforma-a-la-banca-al-desarrollo.html

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