Nuevos datos de la informalidad en México

Escrito por: Pablo Trejo Pérez

quimera

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha presentado los datos relativos a la economía informal en México. Al respecto, hay que hacer una anotación: el INEGI considera empleadas a las personas mayores de 14 años que trabajan al menos seis horas

a la semana y en cualquier puesto. Con esta cifra situó la tasa de ocupación en el 96.6% de la PEA.

¿Qué significa la alta tasa de informalidad? Básicamente, la economía informal ofrece deficientes condiciones laborales y cuenta con una limitada productividad por trabajador, lo cual reduce los salarios reales. Además, con los niveles actuales de informalidad, el modelo económico (tendiente al comercio) resulta insostenible, ya que las empresas informales son incapaces de exportar o importar mercancías, registrar patentes, contratar capital humano de alto nivel, o invertir en capacitación para sus empleados. Entonces, ¿qué efectos tiene sobre la economía nacional esta situación?:

  1. La alta tasa de informalidad fomenta la baja productividad, ya que generalmente las empresas informales no son sujetas de crédito y, por ende, no pueden aumentar su nivel de capital por trabajador.
  2. La economía informal también facilita el incumplimiento de los derechos laborales. Este tipo de empresas no están obligadas a pagar un salario mínimo, y tampoco tienen que proporcionar las prestaciones mínimas de la ley para sus empleados.
  3. Además, las altas tasas de informalidad propician que la carga de impuestos se concentre en tan sólo un pequeño porcentaje de los mexicanos que sí operan formalmente, lo cual reduce la recaudación fiscal y desequilibra las finanzas públicas.

Desde un punto de vista socio-económico, la informalidad es la expresión más brutal de la desigualdad. Por tanto, la reducción de los niveles de informalidad obedece principalmente al fracaso del combate a la pobreza. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el combate a la informalidad parte de esfuerzos aislados en políticas públicas y su poco vínculo con el combate a la pobreza.

La OIT reconoce que México está trabajando desde varios frentes en la batalla hacia la formalización. Eso implica que hay esfuerzos en la implementación del nuevo régimen de incorporación fiscal, que busca identificar a pequeños contribuyentes informales y permitirles una transición gradual en un período de diez años.

También están los procesos de compras públicas, tanto federales como estatales, que incluyen criterios que condicionan la proveeduría a estándares de formalización y profesionalización.

Sin embargo, la problemática de la informalidad en México no ocupa en realidad un lugar central en la agenda pública del país. En estas condiciones, ¿cómo se podrá reforzar el Estado de derecho en el sector privado si la mayoría de las empresas no están sujetas a la ley? Otro punto interesante tiene que ver con la descoordinación: los magros resultados que se observan en sus esfuerzos por lograr mayor formalidad se deben principalmente a una falta de unidad de los programas federales y locales.

Una política nacional de formalización que privilegiara la eficacia podría integrar los programas hoy dispersos, incluir objetivos y estrategias orientadas para incentivar la formalidad en el largo plazo, y medir el desempeño del esfuerzo en el corto, mediano y largo plazo en vista de realizar ajustes para acelerar la velocidad de los procesos.

Además, dicha estrategia de transición hacia la formalidad podría también incorporar, sin temor, programas novedosos acordes con realidades y problemáticas nuevas, como es el caso de la vinculación que existe entre informalidad y fenómenos como la migración o los grupos de jóvenes que ni estudian ni trabajan.

La OIT cita que la mejor política contra la informalidad, es una política pública que cree empleo de calidad, a largo plazo.

¿Cómo hacerlo? Diversos países en América Latina han encontrado soluciones innovadoras para reducir la economía informal.

El avance hacia la formalización ha llegado a reflejar disminuciones de dos dígitos en los niveles de empleo informal. La mayoría de las intervenciones en los países de América Latina para formalizar el empleo se han enfocado en atender la problemática de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), e impulsar el cumplimiento de leyes fiscales y laborales, y extender la protección social al mayor número de habitantes.

Si la economía mexicana pretende ser líder en América Latina, se requiere urgentemente acelerar la reducción de la economía informal.

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