Al país le urge la segunda Vuelta

Escrito por: Pablo Trejo Pérez

El análisis menos abordado por los diferentes actores y analistas políticos que participaron en la jornada electoral del pasado fin de semana, se refiere al tema de la representatividad de los ganadores en los diferentes procesos.

En promedio, quienes próximamente asuman la responsabilidad de las administraciones estatales y municipales, lo harán desde una posición de una falta absoluta de representatividad de la ciudadanía a la que gobernarán. Sé que el tema es polémico porque hay quienes defienden la posición de que el abstencionismo no es culpa del modelo, si no de los ciudadanos, pero más allá de eso, la frialdad de los números es apabullante.

De confirmarse lo reflejado en los conteos rápidos, el próximo gobernador del estado de México habrá sido electo por cerca de dos de los once millones de posibles electores, en el caso de Coahuila, la cifra aproximada será de cuatrocientos mil de poco más de dos millones posibles, y en Nayarit, la relación aproximada será de ciento ochenta mil de setecientos quince mil votos potenciales. Es decir, que todos ellos gobernarán con cifras que rondan el 20 por ciento de simpatía ciudadana.

¿Puede contar con la fuerza política suficiente un gobernador electo por el veinte por ciento de la ciudadanía? ¿No será acaso tiempo de que le entremos de lleno al debate sobre la segunda vuelta electoral?

La segunda vuelta electoral responde al espíritu de la construcción de mayorías y consensos y por esa sencilla razón podría convertirse en un punto de partida sólido para cualquier administración. Evidentemente se trata de un anhelo muy caro y complicado de materializar, porque para llevarlo a cabo necesitaríamos entrar de nuevo al diseño de una enésima Reforma Electoral que necesariamente tendría que pasar por el escrutinio del poder legislativo, lo cual, siendo realistas, no se vislumbra en el futuro inmediato. Es cierto también, que no podemos diseñar reformas con dedicatoria, y ahora mismo, la discusión sobre una segunda vuelta parecería una declaratoria en contra de la permanencia del PRI en el poder, aunque tal caso no sea necesariamente previsible.

Haciendo un ejercicio de abstracción, supongamos que la Reforma entrara en vigor para la próxima elección presidencial, y que, dados los resultados, pasaran a la segunda vuelta el PRI y MORENA. ¿Estamos medianamente seguros de a cuál de los candidatos apoyarían las fuerzas aparentemente opositoras al PRI?

De lo que estamos muy ciertos, es de la legitimidad sin precedentes que adquiriría quien resultara victorioso en la segunda vuelta, lo cual podría traducir en un impulso inicial importantísimo para cualquier administración. Un gobierno respaldado por más del 50 por ciento del electorado, estaría listo para comenzar a gobernar de manera inmediata en lugar de perder el primer tercio de su administración en la brega política de la operación cicatriz y en el tendido de puentes con la oposición. Un gobierno de segunda vuelta sería, en automático un gobierno de coalición, de amplia inclusión por su diseño, y sería una bocanada de aire fresco para nuestra hipertensa democracia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s