Los claroscuros del Frente Amplio Democrático

desi

Esta semana, la Asamblea Legislativa (ALDF), el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR, España), y la FCPyS-UNAM organizaron el Foro sobre Gobierno de Coalición. Vale la pena comen- tar algunos de los postulados.

Un claroscuro suele emplearse con referencia a contradicciones o cuestiones contrapuestas. Se emplea, por ejemplo, para nombrar al contraste que se produce entre las sombras y la luz.

La pregunta que debemos hacernos es obvia: ¿Para qué queremos un gobierno de coalición?, ¿cuál es su objetivo? ¿Ser eficaces? ¿Resolver problemas añejos? ¿Generar contrapesos? Hasta el momento eso no está del todo claro. Parece entonces más sensato señalar las dificultades que encontrará: la necesidad de hallar pericia y sensibilidad en sus miembros, un mayor dominio del arte de la política, y, sobre todo, el establecimiento de pautas de comportamiento interno en el seno de la coalición, que deberán ser respetadas. De igual manera, implica que un gobierno debe diseñar criterios para gestionar sus posibles crisis, debe crear órganos plurales de coordinación, clarificar sus relaciones con los grupos parlamentarios que lo apoyan, evitar el aumento de la burocracia, y compatibilizar el impulso de una acción de gobierno compartido con la identidad partidista de los miembros de la coalición.

También te podría interesar:

Los claroscuros de un gobierno de coalición

Debemos concebir el éxito bajo el esquema de las aproximaciones sucesivas. Si bien es cierto que un gobierno de coalición que base su éxito en priorizar los consensos por encima de las divergencias, logrará un avance dinámico, pero limitado.

Es claro que existen temas en los cuales se pueden generar acuerdos sólidos -pensemos en temas de derechos humanos, de equidad, de medio ambiente, de derechos de la infancia, por mencionar algunos-, existen otros en los que las diferencias ideológicas parecen irremediablemente alejadas -seguridad pública, derecho a la vida, asuntos fiscales, política social-.

Si reducimos el nivel de expectativas, reconociendo que el éxito llegará consiguiendo avances graduales, encontraremos un campo de acción más sólido y amplio.

No podemos perder de vista que el sistema político mexicano es presidencialista por antonomasia. Se puede cambiar, por supuesto, pero un gobierno de coalición tendrá en el arraigo cultural, un oponente muy difícil de superar.

No podemos continuar utilizando el argumento que nos dice que este tipo de ejercicios son inéditos en México. En la historia reciente han existido ya experiencias de gobiernos de coalición a nivel estatal. Están los casos de Puebla, Sonora, Veracruz y Quintana Roo. ¿Qué hace pensar que los problemas que se presentaron localmente no se replicarán a nivel nacional?

El principal argumento a favor de un gobierno de coalición es que generaría incentivos para lograr acuerdos con el Congreso, rompiendo la parálisis legislativa, logrando con ello un escenario favorable para la sinergia entre poderes. Sin embargo, existe evidencia que pudiese cuestionar ese escenario.

En Chile, con amplia experiencia en el tema, los gobiernos de coalición no han logra- do cambiar la Constitución que Pinochet y sus militares redactaron.

Una reflexión obligada nos guía hacia el papel de los partidos políticos. En muchos sentidos, los partidos son en sí mismos ejercicios de coalición, comparten principios, programas, reglas y hasta mecanismos de sanción para quienes se aparten del cumplimiento de los estatutos.

También te podría interesar:

¿Qué son los Gobiernos de Coalición?

La evidencia nos demuestra que en la percepción ciudadana, esos ejercicios de micro coaliciones están en crisis. Dejar en manos exclusivas de los partidos la conducción de un tema tan importante, sería de una enorme irresponsabilidad.

El Partido de la Revolución Democrática es el mejor ejemplo de esta microcoalición. Su historia nos habla de una gran cantidad de grupos de izquierda que acabaron formando una especie de coalición. Visto lo anterior, con el partido no podemos decir que su forma de gobierno ha sido un éxito.

Al final, se trata de un ejercicio de honestidad y transparencia. La ruta de la construcción de un gobierno de coalición debe trascender de las buenas intenciones y la palabra, hacia la construcción de un programa claro y sin ambigüedades.

No es posible pensar en que existirán probabilidades de éxito sin esas definiciones básicas. Cada una de las convergencias deberá ser plasmada en un documento que lo vincule obligatoriamente con su ejecución en un Plan Nacional de Desarrollo. El programa debe ser ambicioso, pero realista y deberá establecer las responsabilidades de cada uno de los poderes de la unión.

También te podría interesar:

Gobierno de Coalición ¿Alternativa real frente al fracaso del presidencialismo en México?

0014

Da click en la portada para descargar el ejemplar completo, totalmente gratis:

0001

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s