El paquete económico 2018, y la sucesión presidencial

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Un primer análisis al paquete económico presentado la semana pasada por el secretario de Hacienda, nos permite identificar de manera clara las prioridades del Ejecutivo. Más allá de cualquier apreciación que pudiese estar sesgada por el calor del año electoral venidero, y de cualquier interés gubernamental en el lenguaje sobre el manejo de las cifras, lo que no puede ocultarse es que el paquete responde claramente a nuestra realidad económica.

Por supuesto que destacan algunos temas, comenzando con el precepto de que la recaudación de impuestos se incrementará en 3.2 por ciento, pasando de 2.7 a 2.9 billones de pesos, lo anterior, sin miscelánea fiscal de por medio y sin crear ningún im- puesto nuevo.

Destaco lo anterior, porque incrementar la recaudación resulta generalmente una medida impopular a los ojos de la sociedad y es algo que no suele ser aceptado de muy buena forma por los contribuyentes. La realidad es que, en nuestro país, los incentivos recaudatorios se miden desde el punto de vista punitivo, es decir, la gente contribuirá por- que en caso de no hacerlo, el costo sería mucho mayor. Esos “incentivos” no generan un ánimo colectivo positivo hacia el gobierno, por lo que resultará interesante descubrir la forma en que se desarrollará el proceso. Claro está que podemos estar equivocados y que en lugar de que ese “terrorismo fiscal” como algunos lo denominan, el Ejecutivo esté pensando en un gran proceso de regulación, eliminando recargos y multas, lo que también podría elevar los niveles recaudatorios.

Otro punto a destacar es el costo financiero de la deuda, el cual sufrirá un aumento de 10.6% para este año, lo que representa 2.9% del PIB, contra 2.7% de 2017. En contraste, el gasto en inversión física disminuirá de 2.8% al 2.5% del PIB, es decir, paga- remos más deuda y disminuiremos nuestra inversión, lo cual no es una buena señal para el futuro inmediato. Si mudáramos esto a un ejercicio personal, resultaría que para el próximo año nuestro presupuesto se incrementaría, pero la gran mayoría que recibiríamos, tendríamos que destinar- los a pagar nuestra tarjeta de crédito en lugar de realizar las reparaciones que tanto nos urgen en la cocina.

En lo que sí deberíamos poner lupa, es en el incremento en las participaciones a los estados, las cuales se incrementarán en casi 30 mil millones de pesos. Por más que se argumente que existan fórmulas para la asignación de esos recursos, la realidad es que muchas de las ocasiones terminan destinándose a estados claves en la operación electoral, y ahí es en donde puede estar cimentándose una buena parte de la estrategia política del año venidero.

Respecto a las demás variables, no se observa nada discordante con nuestra historia reciente: crecimiento mediocre de entre 2% y 3%, estabilización del tipo de cambio en 18.1 pesos por dólar, precio del barril de petróleo estimado en 46 dólares e inflación del 3%, cifras muy similares a las de 2017. ¿Y los efectos de las reformas estructurales para cuándo?

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Para visualizar y descargar la versión completa del diario Unomásuno dar click en la portada:

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