¿Qué hacer con los “Dreamers”?

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El presidente estadounidense, Donald Trump, cumplió sus amenazas y retiró la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (en inglés: Deferred Action for Childhood Arrivals DACA). Al respecto hay que recordar que:

Fue implementado hace cinco años por el gobierno del expresidente Barack Obama. Bajo dicha política, los beneficiarios reciben permisos de trabajo temporales, licencias de conducir y un número de seguridad social.

El 76% de los que se acogieron al programa son de nacionalidad mexicana. Para acogerse al mismo, debían:

Bajo este esquema, el gobierno acuerda “diferir” cualquier acción sobre el estatus migratorio por un periodo de dos años, con posibilidad de renovación, a personas que llegaron a EE.UU. cuando eran niños.

Así, se congelaron procesos de deportación y se facilitan permisos de trabajo y licencias de conducir para los beneficiarios. Se calcula que más de 750.000 inmigrantes indocumentados están adscritos al programa.

Este plan migratorio no ofrecía un estatus legal permanente ni supone ningún paso para obtener la ciudadanía estadounidense.

Al perder los beneficios de DACA y si no llegase a haber una legislación aprobada en el Congreso en los próximos seis meses, más de 750.000 personas perderían la protección de ser deportados con la que cuentan actualmente.

11 millones en riesgo y otras 4 cifras que muestran la magnitud de las nuevas medidas de deportación de personas indocumentadas de Donald Trump.

Estudiar en una institución universitaria también se volvería más dificultoso al no tener un estatus migratorio legal en Estados Unidos. La Universidad de Harvard dio un paso más y contrató en enero a un abogado de inmigración que está en el campus para resolver las dudas de losDreamers.

Alrededor de 1,000 beneficiarios de este esquema perderían sus empleos cada día hasta 2018, según estimaciones del Centro para el Progreso Estadounidense (CAP, por su sigla en inglés).

Esta medida pone en el centro del debate a México, ¿Qué se hará con los dreamers? No es un tema menor. No se puede olvidar que Obama facilitó 290,000 deportaciones. Más allá del discurso político de turno -ese que habla de recibirlos con los brazos abiertos y el compromiso moral-, parece ser que no hay ningún plan especifico. Veamos algunas de las posibilidades:

México se ha preparado muy bien para facilitar la salida de sus ciudadanos y muy mal para recibirlos cuando desean regresar. En principio, el gobierno de la República podría ayudar en la defensa legal en los Consulados. Al mismo tiempo, si finalmente son deportados, se deben dar una serie de programas para facilitar su adaptación a un país, el suyo, que nunca han conocido: el acceso a la bolsa de trabajo, al sistema educativo, al seguro social y la inmediata convalidación de los estudios. Pero este tipo de pasos, deberían ser el principio, no la película completa. Afiliarlos al seguro popular no resuelve sus problemas y ponerlos en la bolsa de trabajo de la Secretaria de Trabajo no les garantiza un trabajo mejor del que ya tienen en EEUU.

Se deben que tener en cuenta que los dreamers representan la generación mejor preparada de la historia de México: el 98% de ellos es bilingüe, el 70% tiene estudios superiores, el 16% compró una casa y el 91% tenía un trabajo fijo. Ene se sentido, son lo mejor del sincretismo y la migración. No les han regalado nada y se han criado en la cultura del esfuerzo y la lucha Sus padres han tenido tres o cuatro trabajos para sacarlos adelante y ellos han ido a buenas universidades porque sabían que la formación era importante. Teniendo ello en cuenta, pueden servir de puente entre EE UU y México porque conocen bien ambas realidades. La industria del automóvil, las exportadoras o los centros tecnológicos podrían ser un buen lugar para aprovechar ese conocimiento.

Es necesario una política integral, una verdadera política de Estado que los incluya en el mercado laboral, se aproveche de sus capacidades y los haga mexicanos. El país tiene experiencia en ello, baste recordar el gobierno de Lázaro cárdenas, con los republicanos españoles y el de Ávila Camacho, con los refugiados de la Segunda Guerra Mundial. Una estrategia similar, podría funcionar y ser más eficaz que los parches que actualmente el gobierno coloca.

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