Los dos Méxicos persisten

quimera (1)

En la elección de 2006, la más compleja en la Historia del país, se alertó de los Dos Méxicos. El México pobre del sur pintado de amarillo, frente a un norte rico pintado de azul. Los Dos Méxicos habla de la idea de que la fractura entre

dos formas de entender el país es mayor, más irreductible que en cualquier otro lugar. Esta semana, el Banco de México presentó unos datos que confirman que esa teoría sigue presente: con la actividad económica del tercio más meridional en niveles más bajos que los registrados hace una década, la convergencia entre regiones es hoy, más que nunca, una utopía. Desde el punto de vista geográfico no se podría advertir que el sur, con abundantes recursos primarios, agua y tierras fértiles, debería estar en una posición relativa peor. Pero su lejanía con la frontera estadounidense, lo rural de su economía y las escasas inversiones públicas y privadas le condenan al ostracismo. En el norte ocurre justo lo contrario: su compleja orografía y la hostilidad del medio natural son compensadas con creces por la gran actividad industrial —desde la fabricación automotriz hasta maquilas de todo tipo—, por la buena calidad de las infraestructuras y por la fuerte interconexión entre las cadenas de valor que se extienden a una y otra orilla del río Bravo.

En el segundo trimestre del año, la actividad económica prosiguió su crecimiento en el norte (0.9%), centro-norte (1.2%) y centro (0.7%) de México gracias al buen desempeño de las manufacturas más vinculadas al mercado externo —que se han visto favorecidas por la buena marcha de la economía estadounidense—, de la producción agropecuaria, del turismo y del comercio al por menor. El sur, por el contrario, registró una contracción superior al 1% “como consecuencia de la caída en la mayoría de las actividades”, subrayan los técnicos del banco central mexicano en su último informe sobre la evolución económica regional.

En Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán, las manufacturas retrocedieron más de un 6%; el sector agropecuario, un 1.6%; el comercio, un 1% y la minería, un 0.4%. Pero si un sector ilustra a la perfección la brecha regional mexicana es la construcción, muy dependiente de la inversión pública y privada, y un buen termómetro de evolución de la economía a medio plazo. En ese rubro, la franja septentrional registró un crecimiento superior al 6%; el centro-norte apenas registró cambios; el centro del país sufrió un retroceso del 6% y el sur vio como la actividad se desplomaba un 17% interanual.

Hay que recordar que el sur no es heterogéneo: conviven zonas de fuerte producción petrolera, (Campeche, Tabasco y Veracruz), con estados en los que la agricultura de subsistencia tiene todavía un papel fundamental en la economía familiar (Guerrero, Oaxaca y Chiapas).

La ruralidad es un claro factor de riesgo de pobreza: también son, con diferencia, los estados en los que mayor porcentaje de la población vive en condiciones de carestía (el 77% y el 70% respectivamente). Al contrario de lo que podría esperarse, esta cifra ha aumentado en los últimos años.

La única actividad productiva que registró números positivos en los estados meridionales de México entre abril y junio fue el turismo, que repuntó casi un 6% respecto al mismo periodo del año anterior gracias al mayor nivel de ocupación hotelera durante la semana santa, al incremento en la llegada de cruceros y al dinamismo del turismo de convenciones y negocios.

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