Las discrepancias sobre los costos de la reconstrucción

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Existen muchas lecturas secundarias en el tema del recuento de los daños materiales ocasionados por los sismos ocurridos en nuestro país hace algunos días.

Algunas de esas lecturas apuntan a la necesidad de revisar que se hizo mal para que el impacto fuese tan grande. Si acaso se trató de construcciones deficientes, de reglamentos de construcción caducos y fuera de la realidad de nuestras condiciones de riesgo, o, incluso, si se trató de actos de corrupción los que permitieron esas construcciones. Todo es posible. El peor de los escenarios abarcaría esos tres aspectos al mismo tiempo, malos reglamentos, malas construcciones y todo ello, bajo el auspicio de autoridades corruptas.

Una vez superado el trance que implica la emergencia de salva- guardar y rescatar de entre los escombros a cuanta vida fuese posible, y a la par de avanzar en la remoción de escombros, la prioridad se trasladará al espacio de la reconstrucción, la cual se convertirá en uno de los ejes rectores si no es que el principal- de la agenda pública inmediata en nuestro país.

Por circunstancias del destino, el impacto de los sismos coin- cide con el calendario de aprobación del paquete presupuestal para el año próximo, lo que significa que existe toda la posibilidad de que nuestro Poder Legislativo se aboque a promover las modi- ficaciones necesarias en la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación 2018 para hacer frente a un reto de tal magnitud.

Sin embargo, dado el nivel de urgencia, no podemos esperar hasta el año próximo para tomar medidas extraordinarias de austeridad para reorientar el gasto público. En los próximos días, la Secretaría de Hacienda deberá presentar un programa inmediato de reasignación de recursos a la reconstrucción. Evidentemente el impacto de las medidas deberán ser absorbi- das por los tres órdenes y los tres niveles de gobierno. La volun- tad política será un factor indispensable.

Un elemento de mucha complejidad será el poder cuantificar el costo de la tarea. Cualquier ejercicio de reasignación de recursos, deberá basarse en un estimado certero sobre lo que se va a necesitar y los plazos para ello.

 

Las discrepancias sobre los costos de la reconstrucción

Al respecto, la única estimación “oficial” del gobierno federal, ha sido la presentada por el Presidente de la República, al encabezar la reunión de evaluación sobre los estados afectados por los sismos, y que en un primer cálculo refiere que el costo estimado de las afectaciones sería de 13 mil millones de pesos en daños en escuelas, 6 mil 500 millones de pesos en viviendas de Oaxaca y Chiapas; 10 mil para los inmuebles en Ciudad de México, Morelos, Puebla y el Estado de México, así como 8 mil millones en patrimonio cultural. Es decir, un total preliminar de 37 mil 500 millones de pesos.

Por su parte, el Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (Lacen) de la UNAM, estimó que serán necesarios 29 mil millones de pesos para la reconstrucción de los estados afectados por los sismos de septiembre.

Sorprendentemente, algunas estimaciones sobre los costos difieren sustancialmente de las presentadas por el gobierno federal y la UNAM. Según un cálculo del Servicio Geológico de Estados Unidos, el daño económico que podrían haber generado los sismos podrían llegar hasta uno por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, cerca de 200 mil millones de pesos, cifra 15 veces superior a las estimaciones referidas. En ese mismo tenor, la prestigiosa firma Moodys, también estima los costos de los sismos en 10 mil millones de dólares, algo así como 185 mil millones de pesos.

Evidentemente se trata de cálculos muy preliminares, dado que los censos de los daños ocasionados aún no concluyen en su totalidad, y también resta por conocer si esas estimaciones, además de la vivienda y de los edificios públicos, contemplan los daños a la infraestructura como la carretera o la red de agua potable en la Ciudad de México.

Tal vez, el único referente serio con que contamos es el estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), quien a través de una corrida financiera para actualizar los costos de la reconstrucción de la Ciudad de México después de los sismos ocurridos hace 32 años, nos puntualiza que la cifra alcanzó aproximadamente 2.4 por ciento del PIB de esa época, lo cual trasladado al escenario actual, significaría una cifra escalofriante cercana a los 480 mil millones de pesos.

Nos queda mucho trabajo por delante y se avecinan tiempos de austeridad económica y generosidad social, así que es hora de que todos pongamos manos a la obra.

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Para visualizar y descargar la versión completa del periódico Unomásuno. Dar click en la portada:

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