Las oportunidades Keynesianas de la reconstrucción

CON CHANFLE

El anuncio formal del cese de la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros derivados del sismo del fatídico 19 de septiembre, parecería significar también el fin del estupefacto y la parálisis en la que se vio envuelta la Ciudad de México y todos los que habitamos en ella. Como si se tratara de una pesadilla, la percepción sobre los acontecimientos nos sumieron en una especie de tristeza colectiva inimaginable en estas épocas en que lo individual parecería opacar a lo colectivo. La solidaridad espontánea nos recuerda que, en efecto, vivimos en un gran país.

Tenemos enfrente tareas urgentes de reconstrucción y de normalización de nuestras vidas cotidianas. Parecería trillado, pero la historia nos ha demostrado que, sacando la mejor parte de cualquier crisis, podemos estar ante un gran cúmulo de oportunidades que de otra manera, no hubiésemos podido ver.

Las cifras sobre el costo de la reconstrucción han ido en aumento a través de los últimos días, y lo que parecía un asunto menor, ha alcanzado niveles que lo ubican en hasta 3% del PIB, es decir, una cifra que podría rondar los 600 mil millones de pesos, cantidad no tan alejada de los  686.5 mil millones de pesos, que equivalen a 44.4% de las asignaciones que se entregan a los gobiernos locales mediante el Ramo 33 o de Aportaciones Federales para Entidades Federativas y Municipios para el cumplimiento de los propósitos previstos en la Ley de Coordinación Fiscal. De ese tamaño es el reto.

Ahora bien, la reconstrucción implica necesariamente la realización de obras públicas, de mejoramiento en la infraestructura y la edificación de un número indeterminado de viviendas, oficinas, escuelas, hospitales y demás edificios públicos. En términos de economía Keynesiana, los recursos empleados en los sectores de la vivienda y de la infraestructura, son eficazmente multiplicadores y dinamizadores de la economía. Cada peso en el sector de la construcción termina por involucrar a muchos más en los procesos del entono, además de contribuir a importantes tasas de ocupación que se reflejarán en un aumento de los ingresos y de la demanda de nuevos productos.

Otro sector que sufrirá un impacto mayúsculo, es el de los seguros por siniestro en viviendas, el cual podría sufrir costos muy severos en lo inmediato por el pago de las construcciones aseguradas y con reporte de daños, pero que a mediano y largo plazo, les redituará en un importante negocio. La necesidad de asegurar nuestras viviendas podrá asemejarse a la necesidad que sentimos de correr a los gimnasios al inicio de cada año.

Un estudio publicado en el Diario El Economista, nos muestra que con datos de la última Encuesta Intercensal del Inegi, en la Ciudad de México, existen 2 millones 601,323 viviendas, y de acuerdo con la información publicada por la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF), en el último año se expidieron 430,464 pólizas de seguro de daños por terremoto para viviendas, es decir, una cifra equivalente al 16.5 por ciento del total, cifra muy baja comparada con otros países que se encuentran en franjas de riesgo similares.

La Ciudad de México se compone de cinco zonas sísmicas: E, F, G, H1 y H2. Las viviendas ubicadas en la zona G son las más vulnerables frente a los movimientos sísmicos, cualidad que se refleja en las primas que deben cubrirse para asegurarse. De hecho, en la zona G se encuentran algunas de las colonias más lastimadas de la ciudad: Roma, Narvarte, Del Valle, Copilco, Santa Úrsula Coapa, lo que queda claro que las primas tienen su razón de ser.

Por otra parte, las zonas E y F acumulan 61% de las pólizas emitidas, esas zonas se extienden en el poniente y sur-poniente de la ciudad e incluyen colonias como San Ángel, Jardines del Pedregal, Coyoacán Centro, Del Carmen, Lomas de Chapultepec, entre otras, es decir, zonas con menores daños pero de mayor arraigo entre sus habitantes, colonias viejas podríamos llamarlas, lo que explicaría las precauciones de asegurar esas propiedades, como un asunto casi cultural.

Asimismo, en la zona E —la más significativa tanto por cantidad de pólizas como por valor asegurado— cada edificio asegurado tiene un valor promedio de 7 millones 227,451 de pesos y mientras que el promedio de la ciudad es de 3 millones 766,328 y 4 millones 890,792, respectivamente.

En síntesis, el agobio debe dar paso a la esperanza, y el pesar que sentimos, debe obligarnos a poner manos a la obra. Reconstruir, significa en el fondo, dinamizar nuestra economía, con el beneficio colectivo que ello signifique.

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