Agarren al ladrón

quimera (1)

Resulta muy complicado resistirse la tentación del sospechosismo cuando la trama de una historia está llena de actos y actores que podrían ser los perfectos ingredientes de una novela de ficción, pero que, desafortunadamente, son el

retrato de la situación política por la que atraviesa nuestro país en vísperas de la madre de todas las elecciones a celebrarse en 2018.

Una película mexicana de la época del cine de oro nos mostraba a un carterista que de pronto se veía descubierto por su víctima. Al encontrarse en ese apuro comenzaba a correr y al dar vuelta a la esquina comenzaba a gritar “ahí va el ladrón, agárrenlo”. Como si se tratara de una nueva puesta en escena de la misma obra, Alberto Elías Beltrán, el Subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales en suplencia del Procurador General de la República, decidió separar de su cargo a Santiago Nieto Castillo como Titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade).

Hacemos la comparación de este hecho con aquella escena del cine, porque ahora resulta que la cuestionadísima PGR (hasta la Arquidiócesis Primada de México acaba de manifestar su preocupación argumentando que la Procuraduría está en una “descomposición progresiva”), argumenta que el cese del Fiscal Electoral se dio por “transgredir lo dispuesto en el Código de Conducta de la Procuraduría General de la República”, signifique eso lo que signifique.

Entonces resulta que la PGR, quien nos tiene acostumbrados a todo, menos al ejercicio de sus funciones apegado a un ejemplo de conducta, decide sancionar al Fiscal Electoral, por no observar esas reglas del juego. Igualito que cuando el ladrón grita “agarren al ladrón”.

Si a ello agregamos que el cese del Fiscal se da después de que reveló el contenido de una carta de un personaje cercanísimo al presidente de la República, quien además está siendo investigado por presumibles actos de corrupción que terminaron por favorecer las campañas electorales del PRI en las que ganó precisamente Peña Nieto, resulta muy complicado de abstraernos de pensar que se trata de una clara señal de que el grupo que actualmente está en el poder, no permitirá bajo ninguna circunstancia, la aparición de voces discordantes y mucho menos de funcionarios que en el cumplimiento de su deber, se atrevan a poner en duda la honorabilidad y pulcritud del círculo cercano del Presidente de la República.

La reacción de todos aquellos acusados de algo cuando quedan expuestos, como el caso del ex funcionario priista Lozoya, aunque criticables, pueden ser comprendidas desde la estrategia jurídica emprendida por sus abogados ante los señalamientos de su posible implicación en el caso Oberdrecht. Incluso sus abogados pueden solicitar que a Santiago Nieto no solo lo destituyan, si no que sea sancionado por violar la intimidad y dañar la imagen de su cliente.

Lo que de ninguna manera debería estar sucediendo es el descarado uso de la PGR como instrumento político, y la única persona con la investidura para orquestar ese actuar Institucional, es el presidente de la República.

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