Nuestros diputados y la generación espontánea de dinero

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Como si se tratara de un acto de magia, nuestros diputados federa- les parecen tener la capacidad de generar dinero de manera espontánea. Esa virtud que poseen tan pocos, aparece súbitamente cada que se pone sobre la mesa el paquete económico para el año venidero, y específicamente cuando de aprobar la Ley de Ingresos se trata.

Durante los últimos ejercicios fiscales hemos escuchado hasta el cansancio el tema de la importancia del cuidado de nuestras finanzas públicas y del compromiso de nuestro gobierno con no gastar irresponsablemente lo que no tenemos. ¿Cómo inicia ese proceso de disciplina y responsabilidad? calculando lo que vamos a ingresar, porque hasta los que sólo sabemos de finanzas personales y del manejo de nuestra microeconomía familiar, entendemos que, si gastamos más de lo que ganamos, necesariamente incurriremos en deudas o que tarde o temprano tendremos que cubrir.

Imaginemos por un momento que como nuestros diputados, también tuviésemos la esotérica capacidad de modificar las reglas del juego, de tal manera que si nuestros planes requirieran de mayores cantidades de dinero de las que dispondremos, simple y sencillamente pudiéramos recalcular el valor de nuestro trabajo y con ello pedirle a los contadores de la compañía para la que trabajamos, que aumentara nuestros ingresos, en sentido inverso a como debería de ser, podríamos cambiar la lógica de lo que en la realidad sucede: desarrollaríamos la magia de ajustar nuestros ingresos para afrontar nuestros gastos.

Eso que parecería un sueño guajiro, sucede año tras año en nuestros ámbitos legislativos. Porque una cosa es la responsabilidad y la disciplina, y otra muy diferente, hacer recortes o “ajustes a la baja” que en el fondo implicarían la reducción de las “mieles” de pertenecer al status quo del sistema político mexicano.

Como prueba, basta con analizar lo sucedido en la aprobación de la Ley de Ingresos para 2018. Uno de los retos que enfrenta nuestro país, será el de la reconstrucción de la infraestructura y las viviendas dañadas por los sismos del mes pasado. Para ello, se han manejado muchas cifras, pero ninguna de ellas menor a los 40 mil millones de pesos, al menos, los que se requieren de manera inmediata. Evidentemente, esos recursos deben de salir de las arcas públicas, y para hacerlo, sin afectar el equilibrio presupuestario, nuestros diputados se enfrentaron a tres posibilidades: elaborar un presupuesto racional y austero, sacar la tijera y hacer recortes a los gastos, o simple y sencillamente recalcular dos variables fundamentales en nuestros ingresos: modificar el estimado del precio del petróleo para el año próximo, subiéndolo de 46 a 48.5 dólares por barril, y cambiar la estimación del tipo de cambio promedio elevándolo de 18.10 pesos a 18.40 pesos por dólar.

Si hacemos los cálculos correspondientes, pensando en que el próximo año se producirán poco menos de dos millones de barriles de petróleo al día, por la modificación de ambas variables, estaríamos aumentando nuestros ingresos en 43 mil millones de pesos. Si podemos aumentar nuestros ingresos por arte de magia, ¿para qué pensar en un presupuesto racional y austero?.

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Da click en la portada para descargar la versión completa del periódico Unomásuno:

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