La CDMX como laboratorio de los gobiernos de coalición

quimera (1)

En los últimos años, la capital se ha colocado a la vanguardia en materia de derechos y de libertades políticas, y por ello no es casual que sea justo aquí en donde estén tomando forma algunos de los cambios inéditos en el sistema político mexicano, tal y como sucede con la construcción del denominado “gobierno de coalición”.

En ese sentido, nuestra flamante Constitución Política de la CDMX, contempla la figura de “gobierno de coalición”, entendido éste como un cuerpo colegiado conformado por los ciudadanos titulares de las dependencias de la administración pública local, los cuales surgirán a propuesta de quien esté al frente de la Jefatura de Gobierno y deberán ser ratificados por el pleno del Congreso de la Ciudad.

Políticamente, la construcción de un gobierno de coalición, requiere de transitar por varias etapas que poco a poco abonen a la ruta de las coincidencias y a la construcción de una base ideológica que sirva de plataforma común de los partidos que lo conformen y que eventualmente deberá registrarse en su momento como “convenio de coalición”.

En ese sentido, el pasado lunes los líderes del Partido de la Revolución Democrática, del Partido Acción Nacional y de Movimiento Ciudadano en la Ciudad de México presentaron ante el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) la Carta de Intención para suscribir el Acuerdo para la Ciudad de México.

El Acuerdo para la Ciudad de México es, en los hechos, el primer paso formal del Frente Amplio integrado por los tres partidos. En la ruta de llegar a un gobierno de coalición, el siguiente puerto intermedio deberá ser la firma de un convenio de coalición electoral, el cual deberá enarbolar una plataforma común, y finalmente, concluir en un gobierno de coalición formal.

Dicho convenio de coalición se integrará por un Programa de Gobierno, y un Acuerdo para la distribución de posiciones administrativas que correspondan a cada partido, aunque sobre ello aún no existen normas específicas. Si la coalición gana la elección, las dirigencias partidistas, por acuerdo de mayoría simple de sus órganos directivos, propondrán ternas de aspirantes al jefe de gobierno para la distribución de puestos. Adicionalmente, en el Frente se prevé construir una agenda legislativa común, a efecto de que exista armonía al conducir los destinos de la CDMX y que eso se refleje en la construcción de un marco institucional adecuado a las demandas ciudadanas.

Si bien es cierto que la idea de construir gobiernos de coalición no es nueva, también lo es que en ningún lugar del país se ha materializado en los hechos, y si acaso, los esfuerzos han llegado a alianzas electorales que han culminado en gobiernos plurales que integran a diferentes figuras de diferentes partidos, más en un ejercicio de voluntad política que en un modelo perfectamente definido y presentado en tiempo y forma.

La novedad del ejercicio representa grandes retos, pero sin duda, el laboratorio del CDMX contribuirá enormemente al futuro del modelo en el país.

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