La quinta ronda puede ser el principio del fin del TLCAN

Hace algunas semanas escribíamos que uno de los principales retos que enfrenta la renegociación del Tratado de Libre Comercio, tiene que ver con las denominadas reglas de origen, que se refieren al contenido local que deben tener los productos que se intercambian entre los países para que estén libres de aranceles.

Es decir, para que un producto pueda comercializarse libre de impuestos, está obligado a que determinado porcentaje de sus componentes sea producido en uno de los tres países integrantes del Tratado. Con ello, se pretende evitar que un producto que contenga muchos componentes de un país ajeno a quienes integran el TLC, pueda tener beneficios fiscales al ser comercializado entre éstos, lo que burlaría el espíritu de integración económica y libertad entre los tres países.

Esa cláusula, tiene un especial significado en la industria automotriz, ya que una de las demandas centrales de la administración Trump, ha sido la exigencia que, en el nuevo Tratado, el porcentaje de componentes de las reglas de origen aumenten hasta 85 por ciento, y que, de ese porcentaje, al menos 50 por ciento sea de origen estadounidense.

Nuestro país ha comunicado de manera oficial a su contraparte estadounidense que dicha propuesta es inaceptable, posición que coincide con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz. En ese mismo tenor, la Alianza de Fabricantes de Automóviles de Estados Unidos presentó un posicionamiento que parecería contradecir lo expresado por el presidente de Estados Unidos, al mencionar que el problema de fondo no está en el Tratado de Libre Comercio, sino en la falta de más Tratados para su país, ya que mientras que nuestro país puede exportar sus automóviles a 45 naciones, que representan 47 por ciento del mercado mundial, Estados Unidos sólo puede hacerlo a 20 países y al 9 por ciento del mercado, por lo que ahogar al TLC con peticiones tan estrictas y tajantes no perece ser la mejor de las ideas para Estados Unidos, y tan sólo tendrían como consecuencia un incremento en los costos de fabricación y no abonarían a la reducción del déficit comercial con México.

Existen, además, factores adicionales a considerar: el precio de las autopartes estadounidenses es mayor que las producidas en otras partes del mundo, en especial en el continente asiático, lo que ocasionaría un desplazamiento del mercado de los insumos hacia esas regiones, lo que en cierta medida nos aliviaría el impacto negativo del cobro de aranceles estadounidenses, pero que para el caso de la industria de las auto- partes de ese país, las consecuencias podrían ser devastadoras si dejan de proveer a la industria mexicana, por lo que el aparente remedio podría resultar mucho más dañino que la enfermedad. Las cartas están sobre la mesa, y el papel de ambas naciones parece irreductible, lo que vaticina derivar en una eventual cancelación del TLC. Parece que al final, predominarán las razones de la política sobre las razones de la economía.

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