El TPP, sin EU

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Esta semana ha vuelto a la palestra el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), dado que las 11 naciones (Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam) que lo promovían llegaron a un consenso sobre los puntos centrales para mantener este pacto, ahora sin los Estados Unidos. Hay varias razones para la participación mexicana:

“Durante la reunión del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se efectuó en Vietnam, se acordó la suspensión de 20 disposiciones del acuerdo original: algunas relacionadas con la protección de los derechos laborales y el medio ambiente, pero la mayoría tienen que ver con la propiedad intelectual, uno de los puntos de fricción después de la salida de Estados Unidos.

“Como todo acuerdo comercial, tiene su punto geopolítico: para contrarrestar el creciente dominio de China en Asia, Japón ha estado presionando para lograr el pacto del TPP, que apunta a eliminar los aranceles a los productos industriales y agrícolas en el bloque de 11 naciones, cuyo comercio ascendió a 356 mil millones de dólares el año pasado. Sin embargo, también es una prueba del poder blando mexicano (medio para conseguir objetivos del interés nacional a través de la cultura o de tratados y no de la fuerza, según la Teoría de las Relaciones Internacionales), pues México ha sido uno de los principales partidarios de seguir con el Acuerdo, a pesar de que EU se quedase fuera. Desde un punto de vista interno, la “resurrección” del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica se puede entender como una de las primeras respuestas, o el inicio del “Plan B”, ante la reticencia de los estadounidenses con en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

“También, el TPP es una forma de asegurarse la diversificación del comercio exterior. En concreto, la puesta en mar- cha del TPP eliminaría cerca de 18 mil aranceles que, hoy por hoy, tienen que afrontar las exportaciones de EU al conjunto de estas economías. El 90% de estas tasas quedarían eliminadas de inmediato tras su promulgación, y casi 100% dentro de 16 años. Y algo similar sucedería con muchos de los productos importados de la zona del Pacífico, cuyo precio se abarataría para las familias y empresas estadounidenses. Y ello sin contar que el TPP liberalizaba de forma muy sustancial el comercio y las transacciones electrónicas. En total, su aplicación podría generar unos beneficios de 233 mil millones de dólares al año, de los que 77 mil millones llegarían a EU, según las estimaciones oficiales.

“Estados Unidos queda muy malparado, debido a que perderá liderazgo comercial. Si bien Trump ha anunciado su intención de negociar tratados bilaterales para favorecer a EU -impulsando sus exportaciones y restringiendo sus importaciones-, lo cierto es que se abre un tiempo de incertidumbre de varios años, cuyo resultado dependerá de la naturaleza y orientación de los nuevos tratados. Hoy por hoy, lo único que significa la era Trump en materia de comercio internacional es un parón, un frenazo al creciente proceso de globalización logrado en las últimas décadas.

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