La economía mexicana a finales de sexenio

CON CHANFLE

Analizar la economía mexicana de este año, 2017, es particularmente fácil. Al menos, hay que hablar de tres fenómenos:

  1. El primero, es la inflación. Su origen no tiene duda. Basta recordar que en el mismo 1º de enero entraron en vigor los nuevos precios de los combustibles (el infausto gasolinazo) y se alzó una ola de aumentos en el costo de productos y servicios. La tendencia alcista alcanzó su pico más alto en agosto con una tasa de 6.7% para luego tener un punto de inflexión en septiembre (6.35%) y un ligero repunte en octubre (6.37%). Desde los primeros días, se supo que los meses por venir no serían cosa fácil.
  2. La situación, también se ha visto complicada por los Estados Unidos. No es sólo la posible ruptura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) -cuya polémica renegociación está actualmente en vías a una sexta ronda de trabajo, después que las cinco últimas se tradujeran en conversaciones sin avances significativo-, sino también los movimientos de la Reserva Federal, han que han agudizado las fluctuaciones monetarias, cambiarias y comerciales del país.
  3. Desde el ámbito externo, también preocupa Además, como otros países de América Latina, México se vio afectado por el extenso período de desplome de los precios del petróleo, que redujo los ingresos del país y fue utilizado como justificación para terminar de completar el proceso de desmantelamiento de la paraestatal petrolera PEMEX y la privatización del sector energético impulsado desde 2014 por el presidente Enrique Peña Nieto.

A los desafíos del otro lado de la frontera, se sumaron los propios desequilibrios del modelo de desarrollo mexicano, entre los que destacan:

  • El costo financiero de la deuda pública. Según detallan cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), durante el período enero-junio 2017, el incremento de los pagos de intereses fue de 11.5% respecto al mismo período de 2016.
  • Menos inversión pública en infraestructura. En el primer semestre 2017, la inversión para el desarrollo de obras públicas (ej. escuelas, carreteras, puentes, gasoductos, hospitales, etc.) tuvo una contracción de 22.5% la caída semestral más severa de la actual administración federal. En 2016, la inversión física representó el 12.6%del presupuesto, su menor nivel desde 2002. Mientras esto sucede, pese a la austeridad presupuestaria y la necesidad de recursos para la reconstrucción de los espacios afectados por los sismos, el sueldo del presidente, del futuro presidente y del senado subirán en 2018, de acuerdo al Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF)  aprobado por la Cámara de Diputados.

Tenemos así un crecimiento empobrecedor y excluyente, una alta dependencia importadora combinada con un esquema primario exportador, unas relaciones comerciales concentradas en los oligopolios más poderosos del planeta, una baja productividad, una economía cada vez más derivada de la bolsa, capaz de mover grandes cantidades pero sin reinversiones productivas… y por si fuera poco, una elección presidencial a la vuelta de la esquina.

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