Después de la amnistía

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De pronto, como Parménides (510- 470 a. C.), uno debe pensar si se fía más de sus sentidos o de su razón; Parménides optó por la razón. En múltiples ocasiones he manifestado que a muchos mexicanos les place, o les parece mejor, atender a sus sentidos y están lejos de la razón

Además, utilizamos de modo muy simple, aquella vieja concepción de que no existe la razón, ni la verdad, o mejor aún -manipulando a Einstein-, argumentamos que cada quien tiene su razón y su verdad. ¿Cómo poder castigar a quien comete delitos, si él también tiene su verdad?

Si la verdad se impusiera sola en nuestra vida personal o social, no tendríamos problemas relacionales, pero esto no es así; la verdad camina junto a las costumbres sociales, mismas que se heredan, aun- que de pronto, cuando se hacen obsoletas y no alcanzan a justificar los nuevos modos, se rompen. Los nuevos procesos vienen cargados de nuevos hechos y de nuevas razones y nuevas verdades.

A lo largo de la historia, las guerras casi siempre carecieron de razón, nadie que venza en una guerra lo hace más por persuasión que por la fuerza; por ello, Zun Tzu dijo que, la mejor guerra es la que se gana sin dar una batalla. Pero la persuasión puede suponer engaño; entonces se hace necesario el pensamiento crítico, la curiosidad científica más elemental, misma que, luego, alcanzará complejidad. La razón nació después de la persuasión y sirvió para entender cómo evitar y terminar las guerras. Así pasaba en Grecia, y más específicamente en Esparta.

¿Qué es más fácil, persuadir o vencer a un ejército de narcos?

¿Qué pasará después de una amnistía a estos personajes y sus grupos?, ¿acaso nadie venderá drogas?

Los planes de los narcos, de sus jefes, de sus aliados y de sus personeros de toda naturaleza, son tantos y tan variados como sus integrantes, y están llenos de sus intereses creados visibles y soterrados, singulares y sociales. La historia de la humanidad nos ha enseñado que, ignorar los planes reales de los rivales, no permite que con ellos hagas pactos rea- les o verosímiles.

Hacer un acuerdo, eso es una amnistía, implica visiones e interpretaciones biunívocas; las percepciones de ida y vuelta pueden ser eso, percepciones, y pueden existir, sin tomar de la mano la razón de Parménides.

Para nadie es oculta una relación (siempre llena de corruptelas) entre el gobierno (léase los gobiernos) en todos sus niveles, con delincuentes de todo tipo. Por eso una amnistía parece más una alianza abierta, sobre todo si se plantea en tiempos electorales.

Los delincuentes ven una definición del Estado, y el Estado ve una definición de los delincuentes. Acaso dejarán de verse como siempre y creerán cada uno en sus débiles promesas; creo que no, y creo por el contrario, que una amnistía debe, necesaria- mente, emerger del interior del pensamiento y del sentimiento social, por lo tanto debe ser una demanda y no sólo una ocurrencia que huele más a alianza política.

Es una ilusión, y no una razón, suponer que, como el Estado perdonará a los criminales, éstos y todos sus ejércitos, asumirán una nueva y benévola conducta y, así de plano, dejarán de traficar y matar a causa del narcotráfico y botarán hacia otro mundo sus patologías y sus intereses. Después de ello o antes, irán al templo de San Judas, ahí en Hidalgo y Reforma, y prometerán trabajar sin descanso para que sus familias vivan decentemente.

Tres ideas básicas y simples dominan una posible solución:

La imposición de la ética administrativa, política y social de la nueva hegemonía que acaso logre replantear y construir el Frente Ciudadano;

Fomentar la interiorización de la ley como forma de convivencia, sin dejar de lado el fortalecimiento del sistema de impartición de justicia, y educar en casa a partir de pensar en la mejor convivencia, misma que debe robustecer y reforzar la idea de que la vida es de todos y no puede ser pervertida por intereses también perversos, amén de evitar caer en estas redes delincuenciales.

Ante todo, requerimos repensarnos, replantearnos y reformularnos, no debe estar lejos de nuestros ideales que la ética proveniente de una educación nueva sea la mejor arma, la que nos haga aprender a decir no a los delincuentes y también a los demagogos.

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Da click en la portada para descargar la versión completa del periódico Unomásuno:

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