¿Amnistía es igual a impunidad?

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Las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador sugiriendo una posible amnistía a los capos de la droga, han reabierto el debate sobre la seguridad del país en un momento donde también se debate la Ley de Seguridad Interior (que regularía el uso de las Fuerzas Armadas en labores policíacas). No es un debate menor: es, junto con la corrupción, el tema que más preocupa a los mexicanos.

Seguramente, los dos asuntos que marcarán sobremanera las elecciones del próximo año y que se consideran la herencia de Felipe Calderón. Teniendo ello en mente, es lógico que AMLO quiera romper con ella. También influye el lugar donde se propuso la posible amnistía: en Quechultenango, un pequeño municipio a 30 kilómetros de Chilpancingo, la capital de Guerrero. La entidad, gobernada por el PRI, tiene una tasa de 73 homicidios por cada 100 mil habitantes, la tercera más alta del país por detrás de Baja California Sur y Colima (para dar una idea, la tasa de Guerrero es más alta, incluso que la de países con epidemias de violencia como Venezuela y Honduras).

Esa zona es una región que tiene una activa presencia de bandas criminales. Uno de esos grupos son Los Ardillos, quienes se han hecho nombre a partir de su sangre fría y violencia despiadada. En junio de 2016 mataron a tres policías federales mientras estos comían en un mercado. En mayo de 2015, en plena campaña para elegir el Congreso federal, mataron al candidato del PRI en el municipio de Chilapa, Ulises Fabián Quiroz. Y el 23 de noviembre, el dirigente de Movimiento Ciudadano en el municipio, fue asesinado en una balacera en Quechultenango. Por lo tanto, también cabe la posibilidad de que la propuesta sólo fuese una especie de salvavidas. De hecho, en su discurso, AMLO mencionó las dificultades que tiene Morena -y otros partidos- para proponer candidatos a los puestos de elección.

Ahora bien, el debate se centra en si dar una amnistía es contribuir al clima de impunidad. En primer lugar, una amnistía implica que antes hay una declaración de culpabilidad. Por lo tanto, no implica impunidad -pues la impunidad se define como una excepción de castigo o escape de la sanción que implica una falta o delito-. Si es cierto, luego, que se ha abierto una discusión inédita, dado que implica abordar un tema de justicia transicional y abrir una tercera vía, más allá del reforzamiento del militarismo y la reforma de la justicia.

¿Puede contribuir a la paz? Poco probable, si ello no va acompañado de legalización en torno a las drogas o una disminución drástica de su consumo. Lo que sí es cierto es que la evidencia deja en claro que se ha utilizado una estrategia equivocada, querer resolver el problema con medidas coercitivas: con policías, con soldados, con marinos, con cárceles, con la aplicación de mano dura. El resultado es que la nación registra los índices de violencia más altos de su historia reciente.

En octubre se registraron 2,764 asesinatos, en el peor mes desde que se tienen datos oficiales. A falta de contabilizar los meses de noviembre y diciembre, se han producido 23,968, lo que aventura que 2017 cerrará como el año más violento que se recuerda hasta la fecha.

¿Cuántos presos hay por esos crímenes? ¡Porque eso sí es impunidad…!

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