Cómo afectaría a México la propuesta fiscal de Donald Trump

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Como en cualquier tipo de competencia, la carrera por dominar los mercados en el modelo económico internacional actual, se basa en lo que nosotros, como país y nuestros competidores externos hacemos y dejamos de hacer y en la manera en que cada uno explota de la mejor manera sus ventajas comparativas respecto al otro. La lógica es simple: si nuestros adversarios ofrecen mejores condiciones para vender sus productos, seguramente terminarán por convencer a los compradores que su opción es la más racional y adecuada.

Por otra parte, existen factores adicionales que en sentido estricto escapan del control y del ámbito de los entes productores de bienes y mercancías y que pueden modificar drásticamente el escenario de la competencia entre los países, por ejemplo, la generación de incentivos gubernamentales a través de políticas fiscales atractivas para los grandes capitales, mejor conocidos como “impuestos corporativos”.

Lo anterior, debido a que, en días pasados, Estados Unidos dio a conocer una agresiva propuesta para reducir su tasa del Impuesto Sobre la Renta, lo que reduciría la carga para las empresas, de 35 a 21 por ciento de sus ingresos, frente a la tasa de 30 por ciento que actual- mente se cobra en nuestro país.

Para nadie es secreto que, si existen condiciones similares para asentarse en un país, los dueños de los grandes capitales preferirán establecer sus actividades en aquellos países que cobren menores gravámenes, como hipotéticamente puede suceder si no hacemos nada para equiparar esa oferta.

De concretarse la propuesta, es probable que muchas empresas establecidas en México emigren hacia territorio estadounidense, lo que impactaría negativamente en nuestra actividad económica, básicamente porque disminuiría nuestra recaudación y se perderían una gran cantidad de empleos. Si a eso sumamos el nerviosismo existente porque muy pronto entraremos de lleno a nuestro año electoral, con los consiguientes riesgos de inestabilidad social, el panorama luce sombrío para la economía mexicana.

Recientes ejercicios similares en el mundo han demostrado que reducir impuestos genera inversiones, lo que a su vez se traduce en empleos y, por supuesto, en crecimiento económico. El aparente círculo virtuoso de la media, se cierra con la expectativa de que ese crecimiento económico aumente los niveles recaudatorios, lo que compensaría las pérdidas provocadas por la disminución inicial, es decir, la recaudación se haría mucho más extensiva y mucho menos intensiva.

Ante ese escenario, nuestras opciones son limitadas: replicar la propuesta sería una de ellas, pero como se trata de una solución cuyos efectos se notarían a mediano plazo, y dado que nuestros compromisos requieren de respuestas inmediatas, nos llevaría irremediablemente a buscar alternativas de corto plazo como el endeudamiento o el incremento de otros impuestos como el IVA, lo que se antoja- ría como una medida muy impopular en tiempos electorales.

Estamos, pues, ante un escenario que se antoja muy complicado, y que debería formar parte de la agenda de los candidatos a la Presidencia, quienes ineludiblemente deberían generar un posicionamiento público al respecto, y eso debería suceder muy pronto.

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