¿Por qué es tan difícil dejar de ser pobre?

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El gran tema de la campaña es cómo sacar de la pobreza a 55 millones de compatriotas. Por eso, parece buena idea dedicar estos días de tranquilidad a la lectura de Jonathan Rothwell, investigador asociado en el Instituto Brookings, que acaba de publicar un texto titulado El declive de la productividad educativa. El texto parte de un principio: sin el trabajo y sin una buena educación es imposible prosperar. Pero, ¿es lo único que se necesita para salir de la pobreza? Es decir, ¿basta con el esfuerzo individual para dejar de ser pobre? ¿Basta con la educación? E texto de Rothwell afirma que el esfuerzo individual y la educación, si bien pueden ayudar, no son el componente esencial para salir de la pobreza. ¿Polémico, no? Quiere decir que todos los enfoques que gobiernos como el nuestro aplican, no sirven para superar la pobreza, al contrario: crean más pobres. El problema, según Rothwell, es que los gobiernos no se ponen como objetivo actuar para aumentar movilidad social.

Para empezar, habría que explicar por qué es tan difícil salir de la pobreza. Bien, si pensamos que la pobreza se produce por bajos ingresos, entonces, escapar de ella sería tan simple como conseguir un trabajo que pague decentemente o recibir cualquier programa social del gobierno. Es importante el salario y la calidad del empleo, claro que sí. Volveremos a este tema, más adelante, pero no hay que olvidar que la pobreza no es sólo un problema de bajos ingresos. Es, a menudo, un conjunto de cuestiones heredades, derivadas de la falta de oportunidades en la infancia, algunos relacionados con la vida familiar y otros bienes públicos. Un entorno familiar sólido es muy importante, pero ya sabemos que no siempre no puede existir, por diferentes razones y que muchas familias enfrentan problemáticas dramáticas como la violencia de género, el maltrato y el trabajo infantil, enfermedades como el alcoholismo, las drogas o los embarazos adolescentes, entre otras. Para escapar de la pobreza, como decían los refranes del principio, los niños necesitan recibir una educación que les da las habilidades necesarias para ser ciudadanos productivos. Lo ideal es que conquistarían estas habilidades en el hogar y en la escuela, pero para muchos niños no existen estos dos escenarios. Por esta razón, muchos niños son criados sin los bloques de construcción fundamentales para una vida exitosa y cuando crecen por más que sean capaces de conseguir un empleo no podrán salir de la pobreza.

Esto, que es meramente competente de la sociología, nos señala que el drama de la pobreza no depende siempre de las familias. Es un principio muy importante, que señala la responsabilidad del Estado. Entonces, ¿qué tipo de políticas públicas los gobiernos deben poner en marcha para reducir la desigualdad y acabar con la pobreza? Está claro que no hay una respuesta única, pero lo que si es cierto es que los gobiernos deben hacer varias cosas al mismo tiempo si quieren que sus ciudadanos logren aspirar a una mejor calidad de vida. En primer lugar, tiene que haber una economía fuerte para que la gente tenga un incentivo para invertir en la educación y tener puestos de trabajo después de completar sus estudios. El espíritu empresarial y el comercio deben ser alentados y no obstaculizados. Muchos gobiernos, como el nuestro, no comprenden esto. En segundo lugar, los gobiernos también deben invertir en bienes públicos como el transporte, las escuelas y universidades, que son los grandes productores de investigación, tecnología y desarrollo. En tercer lugar, los gobiernos deben encontrar soluciones a las desigualdades históricas, especialmente las relacionadas con la opresión racial, de género y étnica. Esto significa proporcionar igualdad en el acceso a una educación de calidad y garantizar las políticas para mejorarlas. Pongamos un ejemplo. Siempre se nos dice que nuestro país es un país con una cultura fabulosa, con grandes tradiciones y heredera de un patrimonio milenario. Pues bien, ¿cuántas escuelas ofrecen sus programas educativos en lenguas indígenas? ¿Cuántas Secretarías de Educación, esas que conforman los gabinetes de los gobiernos de los estados de la República y que ejercen presupuestos con millones de pesos, establecen planes educativos específicos para los indígenas y su realidad? Lo que hay que tener en claro es que para alcanzar el objetivo, que los pueblos indígenas tengan una mejor calidad de vida de acuerdo a sus usos y costumbres, deberíamos revisar el sistema educativo, enfrentar la segregación económica y racial que les impide obtener bienes útiles para su vida.

Ahora bien, otro paso importante es ver donde se presenta la pobreza. No es lo mismo combatir la pobreza en el campo que en la ciudad. Hay que diseñar estrategias para cada medio, no sólo crear programas de política social “universales”. Por ejemplo, en el mundo las tres cuartas partes de las personas más pobres viven en las áreas rurales. Entonces, la política pública debe intentar mejorar la productividad, los ingresos y las condiciones de trabajo en la agricultura. ¿Se hace eso en México? No, el campo quedó en el olvido desde que se decidió negociar el Tratado de Libre Comercio. La reducción de la pobreza extrema es, en gran medida, una cuestión que implica mejorar la capacidad de obtener ingresos de los trabajadores agrícolas y de los propietarios de pequeñas explotaciones agrarias, junto al desarrollo de oportunidades en las áreas rurales. Eso requiere inversiones en infraestructura. Superar la trampa de la pobreza rural requiere un mayor esfuerzo para desarrollar organizaciones colectivas de trabajadores y pequeños agricultores, como las cooperativas.

Es necesario un mayor esfuerzo para mejorar la productividad, los ingresos y las condiciones de trabajo, con el fin de reducir la pobreza que afecta a casi la mitad de la población del país. Vivimos un momento de oportunidad e incertidumbre en el cual muchas de las barreras que impedían a hombres y mujeres desarrollar por completo sus capacidades se derrumban, pero en el que los buenos trabajos, que proveen las bases de la seguridad sobre las que construir sus vidas, son cada vez más difíciles de encontrar. Es decir, es también importante evaluar la calidad del empleo y si lo que se gana con él alcanza para vivir. Disminuir la brecha del ingreso es aceptado como algo esencial desde el punto de vista moral, pero muchas se olvida que también es una manera para combatir las causas más evidentes de la inestabilidad social, económica y política que nos aqueja. Que no se nos olvide, ahora que estamos en época electoral, que con frecuencia, las elecciones se ganan o se pierden por la cuestión del empleo. Es hora de exigir buenas políticas, que tengan incidencia real en el futuro de la gente y no querer tapar el sol con el dedo para ganar una elección.

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