Propuestas para reactivar el mercado interno

quimera

Empiezan las campañas y uno de los puntos calientes será el crecimiento económico. El país enfrenta retos importantes y se inserta en un complicado entorno internacional. ¿Cómo crecer? La respuesta, nos dicen, parece estar en la reactivación del mercado interno. El llamado al mercado interno está basado en varios hechos. Pero no es tan fácil reactivarlo. El inicio de 2018 se aparece complejo:

1. Hay una caída muy fuerte en los precios del petróleo desde 2014 a la fecha; está caída ha estada muy determinada por factores de oferta, factores que además han hecho pensar que hacía delante es muy difícil esperar una recuperación muy significativa de los precios del petróleo, pero también ha sido exacerbado por el entorno de bajo crecimiento mundial.

2. El entorno internacional adverso ha afectado a la economía mexicana porque ha mostrado un crecimiento moderado cuya afectividad ha generado un sector industrial estancado.

3. Las manufacturas si bien han mostrado una tendencia creciente, en los últimos meses se ha estancado asociado a las exportaciones manufactureras; eso sin considerar el desplome del petróleo.

De igual forma, la economía nacional presenta una serie de problemas:

Es necesario fortalecer el Estado de derecho y la seguridad jurídica.

Hoy más de 60 millones de mexicanos se encuentran en una situación de marginación por el bajo ingreso económico que reciben. Muchos de ellos tienen empleo, sin embargo, no es suficiente para garantizarles una vida digna. La pobreza constituye una de las razones fundamentales que explica la debilidad del mercado interno mexicano, un hecho que contrasta con la riqueza de su patrimonio y legado histórico. De igual forma, la pobreza en México es contraria con la abundancia de recursos naturales, así como con la capacidad y generosidad de su gente. En un país en donde existen copiosos recursos, la pobreza es el resultado de una gestión ineficaz de los mismos.

El patrón de consumo de los mexicanos se basa en lo más básico, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH): alimentos, bebida, vestido y transporte público. Para un grupo amplio de la población, la precariedad económica no da un margen demasiado grande para otra cosa. Aun los servicios de salud quedan excluidos de la mayor parte del gasto de los mexicanos.

Las cifras oficiales son contundentes, a nivel nacional, 52.5% del gasto de los hogares se destina a alimento, bebida, vestido, transporte público, energía eléctrica y combustibles. La situación es más crítica cuando se considera a 10% de la población (primer decíl) de menores ingresos, la proporción del gasto destinado a los rubros antes mencionados sube a 71%.

El problema es que lo citado no es privativo de un solo segmento de la población. Si la revisión se amplía a los siguientes dos deciles (20% más de hogares de bajos ingresos) se puede observar que el gasto dedicado a los rubros citados es de 69 por ciento. De acuerdo con la ENIGH, 50% de los hogares en México realiza al menos 63% de su gasto total en los aspectos citados. Es importante destacar que aquí quedan fuera la educación, salud, esparcimiento, transporte privado, enseres domésticos y otros gastos esenciales para el bienestar de las familias. Esta es la razón del por qué más de la mitad de la población se encuentra en pobreza por ingresos y ejemplifica la trampa de pobreza en la que se encuentra casi la mitad de la población: si no tienen recursos para educarse y acceder a un buen sistema de salud: ¿Cómo podrán superar el problema de pobreza en el que actualmente viven?

Un aspecto adicional que influye en la debilidad del mercado interno se encuentra vinculado con la heterogeneidad económica y productiva en la que se encuentran las empresas. La mayor parte del empleo lo generan negocios que son pequeños y medianos, pero con baja capacidad para crear riqueza y pagar buenas remuneraciones a sus trabajadores. Por otro lado, se tiene a grandes empresas, las cuales tienen mayores posibilidades para recibir financiamiento, realizar inversiones y generar innovación productiva. En consecuencia, pagan mejor.

Entonces, a nuestro juicio, para empezar a hacer una política que dé prioridad al mercado interno, se necesitan tres factores:

1. Instrumentar una política económica tendiente a mejorar las percepciones reales de los trabajadores debe ser la consecuencia inmediata. Pretender seguir utilizando a los salarios como una variable de control sobre la inflación, a lo único a lo que conduce es a debilitar el mercado interno, elemento último que representa la fuente de vida y viabilidad de la mayor proporción de las empresas nacionales y de la cuales, solamente una parte minúscula toma la opción exportadora para sobrevivir.

2. Aumentar salarios favorece el consumo de la población. Dado que una parte considerable de la misma destina amplios recursos al consumo, los incrementos en sus ingresos monetarios se destinarían a la demanda de alimentos, para posteriormente favorecer la compra de otro tipo de bienes.

3. Invertir en infraestructura, desarrollar tecnología y llevar sus aplicaciones al aparato productivo; lograr altos niveles educativos y de capacitación; así como tener un sistema fiscal que fomente la creación y sostenibilidad de las empresas, son algunos de los aspectos adicionales que deben impulsarse para que la actividad productiva pueda corresponder a un crecimiento económico que no genere presiones inflacionarias.

Veremos, ahora que inician las campañas, si algún candidato recoge alguna de estas ideas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s