Precariedad salarial en México, vista desde la Ibero

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Hace unos días, la doctora Graciela Teruel Belismelis, directora del Instituto de Investigación para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, presentó un estudio titulado “Pobreza persistente en México, mercados laborales con bajos salarios”, el cual intenta relacionar factores como la competitividad, la precariedad del salario, la ampliación en las brechas de bien- estar social que ello genera y, sobre todo, su impacto en la pobreza en nuestro país.

El estudio cobra relevancia si lo contextualizamos en los preceptos constitucionales que establecen el derecho de los individuos y de las familias para vivir en condiciones de dignidad elemental. Evidentemente para acceder a esa vida digna, es indispensable contar con los ingresos suficientes, los cuales pueden medirse y reflejarse en diversos indicadores.

Para definir si las condiciones salariales vigentes en nuestro país cumplen con esos preceptos constitucionales, el estudio tomó como base la línea de pobreza monetaria oficial. Cabe considerar que se considera como pobres monetarios a las personas que residen en hogares cuyo gasto percápita es insuficiente para adquirir una canasta básica de alimentos y no alimentos como vivienda, vestido, educación, salud, transporte, etcétera.

En la actualidad, 51.7% de los trabajadores en nuestro país se encuentra por debajo de la LB, lo que significa que más de la mitad de nuestra población vive en una situación de carencia permanente de recursos para vivir con dignidad y suficiencia como lo establece nuestra Carta Magna. El estudio de la Universidad Iberoamericana proyecta que, para revertir esa situación, el salario mínimo debiera ser de 19,041 pesos mensuales, equivalentes a 4,760 por persona en un hogar promedio de cuatro personas, es decir, que un jefe o jefa de familia promedio debería ganar al menos 353 pesos por día, cifra muy superior al incremento vigente, que apenas llega a los 95.4 pesos por jornada laboral.

ye al fortalecimiento de nuestro mercado interno ni a generar una posición de autonomía y solidez frente a los factores externos que presionan a nuestra economía. Para contrarrestar esos efectos, la Ibero sugiere comenzar con acciones que vinculen los niveles salariales con los niveles de precios de una canasta normativa básica, alimentaria y no alimentaria.

Por otra parte, también recomienda que los salarios se aten a la productividad, pero no en el sentido tradicional en donde la ‘competitividad empresarial’ se basa en los bajos salarios, sino obligando a que parte de las ganancias por el rendimiento de cualquier empresa se vincule a los aumentos salariales.

Adicionalmente, se sugiere generar indicadores que consideren el índice de costo de vida por región, y la reducción de la brecha salarial mediante la utilización de una fórmula independiente a la productividad que no per- mita exceder la proporción de 10 a uno entre los niveles más altos y más bajos en cualquier empresa.

El estudio de la Ibero, llega en un momento crucial para la agenda pública de nuestro país. Se avecinan las elecciones. ¿Algún candidato querrá comprometerse a ponerle el cascabel al gato?

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