Cinco observaciones al inicio del proceso electoral

Llevamos ya casi mes y medio con las precampañas y parece importante hacer una pequeña pausa inicial para analizar la línea de salida. Sin estar en un orden de importancia, podemos comentar algunos fenómenos que nos pueden ayudar a entender en qué país estamos:

1. El 2018 ha llegado al país, ese espacio geográfico que abarca del río Bravo al Usumacinta, en medio de una eterna transición que, por momentos presenta ánimos de regresión hacia el sistema autoritario. Esto es importante, porque, en ese largo camino, se ha perdido impulso, la “fe” en la democracia atraviesa uno de sus más bajos momentos, instalándose un desencanto en la ciudadanía con respecto a sus gobiernos. A nadie ya le sorprende la desconfianza que hay hacia las instituciones.

2. Esta desconfianza se ha fortalecido con las pésimas administraciones en algunos estados (Veracruz, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Oaxaca y Colima, por decir sólo algunas). El regreso del Partido Revolucionario Institucional al poder en 2012 no mejoró la gobernabilidad, derribando ese mito de que sólo el PRI sabía gobernar.

3. El regreso del PRI puede ser definido como un fracaso democrático. Se han agudizado la pobreza, la desigualdad, la violencia y, por momentos, incrementó el desencanto social. Las llamadas reformas estructurales fallaron en la medida en que no incorporaron mecanismos de participación ciudadana. El PRI deja un país con un Estado de derecho inexistente (no hay ni un preso por el caos dejado por Odebrecht, por ejemplo), una corrupción galopante (en el Índice Global de Transparencia aparecemos como los campeones en la región), con una ola creciente de violencia y violaciones a los Derechos Humanos (se pueden buscar los informes de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de la Comisión Interamericana de Derechos Hu- manos, de Human Rights Watch y de Amnistía Internacional) y finalmente, con una economía hecha pedazos y con un crecimiento real por debajo de la inflación (ahí están los informes de BBVA, del Centro Espinosa Yglesias y del propio Consejo Coordinador Empresarial).

4. Hay que anotar también que la desconfianza se alimenta de un ingrediente muy poderoso: la incapacidad de esos gobiernos de sujetarse a la Ley. En ese sentido, estos años hemos podido observar cómo se trasladó la forma de ejercer el poder desde el Grupo Atlacomulco por toda la República. Como sostuvo Alberto Aziz: ¿qué tan lejos puede estar el PRI con Peña Nieto en la Presidencia de gobiernos como César y Javier Duarte en Chihuahua y Veracruz; de Humberto y Rubén Moreira en Coahuila? Con esto en mente, no escandalizamos a nadie al decir que el país atraviesa una crisis en materia de impunidad. Poco a poco se va gestando un país con poca legitimidad, donde todo cambia para quedarse igual y donde permea una incapacidad para impartir justicia.

5. El escenario se asemeja a un río revuelto: hay elecciones y el sistema político -en su aspecto formal- funciona. Sin embargo, en un clima de marcada impunidad, no está demás hablar de simulación. En ese sentido, la elección es un plebiscito -¿queremos seguir igual o tenemos posibilidades de cambiar?-, que puede dar una gran legitimidad o generar una situación de inestabilidad y un vacío de poder como nunca antes.

Los números ayudan a entender la complejidad que se avecina: además del Presidente de la República, la ciudadanía deberá escoger a 128 senadores, 500 diputados federales, 8 gobernadores o gobernado- ras, un jefe -o jefa- de Gobierno, 1,598 ayuntamientos, 16 alcaldías de la Ciudad de México y 972 diputados locales. Así, es fundamental poner atención a las elecciones locales, ya que son cerca de 80% de los municipios del país los que se van a elegir presidentes municipales. Sobra decir que es ahí donde las fuerzas electorales reales se van a confrontar.

El contexto descrito no invita al optimismo, es verdad. Vamos hacia una elección en un escenario de deterioro muy profundo. Está en disputa el país y la oligarquía que lo gobierna hará hasta lo imposible para que la situación quede más o menos como está. Pero no debemos caer en la desolación y dejar pasar la oportunidad. Necesitamos una campaña con candidatos abiertos a la sociedad, que presenten ideas, que estén comprometidos realmente las aspiraciones y las causas de todos los mexicanos y mexicanas.

Como ciudadanos es nuestro deber exigir que así sea.

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