Sin noticias del TLCAN

CON CHANFLE

La tan cacareada Sexta Ronda terminó sin grandes avances. Es más, en esta ronda se ha producido un verdadero choque de trenes entre las posiciones del gobierno de Canadá y el de los Estados Unidos. De hecho, todas las propuestas canadienses fueron rechazadas bajo la excusa de que llevarían. En realidad, a una reducción en los puestos de trabajo en EEUU, Canadá y, probablemente, también en México. Justo lo contrario de lo que busca el gobierno de Trump. Así, la sexta ronda ha dejado en claro que las conversaciones se alargarán en el tiempo.

  • Los avances se han reducido a cuestiones técnicas y no al meollo de la discusión: las reglas de origen del sector automotriz, la cláusula de terminación automática cada cinco años y el mecanismo de resolución de controversias. En la última semana, han logrado cerrar el capítulo de anticorrupción y han dejado encarrilados otros tres: medidas sanitarias y fitosanitarias, telecomunicaciones y obstáculos técnicos al comercio, que intentarán zanjar en la cumbre que se celebrará en la capital mexicana entre el 26 de febrero y el 6 de marzo para poder sumarlos a la escueta lista de los puntos ya sellados: pymes y competencia.
  • La Casa Blanca dinamitó las conversaciones sobre el TLC en octubre, pocos días antes de la cuarta ronda de negociaciones, al poner encima de la mesa sus exigencias sobre el contenido regional mínimo que deben incorporar los automóviles fabricados en la región y al proponer una cláusula que, en la práctica, suponía fijar una fecha de caducidad del tratado cada cinco años.
  • En los últimos días, se ha dejado la puerta abierta a una ampliación (en un principio, finales de 2017; ahora, marzo de este año) hasta bien entrado 2019. Eso supondría dejar el tramo final de la negociación al nuevo presidente mexicano que salga de las urnas en julio. Pero también esa estrategia planea problemas: Trump debe pedir al Congreso una ampliación del periodo en el que el presidente tiene manos libres para negociar tratados comerciales con otros países (el permiso del Congreso norteamericano expira en julio y, si logra la autorización de la Cámara, se extenderá hasta 2021).

Ahora bien, que la negociación se dilate en el tiempo aleja el escenario más temido -que EEUU se abandone el TLCAN- y permite a México y Canadá ganar tiempo para el desarrollo de una estrategia comercial alternativa a su, por mucho, principal socio comercial. La tarea es ardua –las tres cuartas partes de lo que exporta Canadá van a parar a EEUU, mientras que en México asciende al 80%-, pero los dos países se han activado en varios frentes: ambos acaban de cerrar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), ya sin EEUU, que se firmará en Chile la semana que viene; Canadá está a la espera del visto bueno del visto bueno de todos los Parlamentos del Viejo Continente para que su tratado comercial con la Unión Europea (UE) entre en vigor; y México apura los plazos en su negociación con el bloque comunitario para sellar la renovación de su acuerdo comercial. En previsión de que el TLCAN pudiese quedar en papel mojado México también ha tratado de estrechar sus vínculos con las otras dos grandes potencias regionales, Brasil y Argentina, donde podría conseguir buena parte del maíz y la soja que hoy compra en el norte. Nada está escrito y habrá que esperar a finales de febrero, en la Ciudad de México, para ver si se obtienen ya noticias del TLCAN.

Los 3 principales desacuerdos en el TLCAN

Tema EEUU Canadá México Estado de la negociación
Reglas de origen en el sector automotriz Elevar el contenido regional de cada automóvil del 62,5% actual al 85%. Y que, de esa cantidad, el 50% sea estadounidense para asegurar una mayor carga de trabajo para su industria. Sin embargo, a los industriales del sector automotriz les preocupa el daño potencial sobre la competitividad de la región: el incremento en las reglas de origen, dicen, obligaría a comprar piezas en Norteamérica a un precio mucho menos competitivo del que hoy obtienen en otros mercados, fundamentalmente asiáticos. De aprobarse un umbral tan alto, advierten, lo más probable es que muchas empresas optasen por pagar el arancel para no tener que cumplir con los nuevos estándares o, directamente, trasladasen su producción a otras latitudes. Una de las mayores novedades en lo que va de negociación han sido las ideas, de nuevo cuño, introducidas por el Ejecutivo de Justin Trudeau en este ámbito. La delegación canadiense pretende primar la inversión en I+D en la regiónen el cálculo de las reglas de origen. De esa forma, el contenido regional aumentaría sustancialmente sin que los industriales tuviesen que asumir costes adicionales. Que el aumento en las reglas de origen sea inferior a la propuesta estadounidense para que el daño sobre una de las gallinas de los huevos de oro de su economía, el ensamblaje de automóviles, sea el menor posible. Sin embargo, en las últimas semanas su posición se ha flexibilizado notablemente y México ha pasado de no querer ni siquiera negociar un incremento “inviable” en el contenido regional a aceptar un diálogo “serio” al respecto. A lo que el Gobierno mexicano no está dispuesto, afirman fuentes cercanas a la negociación, es transigir con un mínimo de contenido estadounidense. La patronal automotriz mexicana (AMIA) ha advertido, en repetidas ocasiones, de que el mínimo propuesto por EE UU “no solo es inaceptable, sino inalcanzable”. Tras una acogida fría inicial a la propuesta canadiense, en las últimas horas los técnicos enviados por la Casa Blanca a Montreal han empezado a verla con mejores ojos, según fuentes próximas a las conversaciones. El cambio de enfoque en la medición permitiría a Trump vender como un logro suyo el aumento en las reglas de origen, aunque en la práctica la incidencia real sería mínima -la carga de trabajo para las fábricas de autopartes estadounidenses, canadiense y mexicanas aumentaría solo marginalmente- y las piezas utilizadas en el ensamblaje serían prácticamente las mismas que ahora. La merma de competitividad de las firmas automotrices frente a sus pares asiáticas y europeas también sería mínima, por lo que hay margen para que todos salgan ganando con la nueva aproximación, mucho más creativa, de Canadá.
Cláusula de terminación automática Asegurarse de que, una vez cada lustro, o el tratado se renegocia a su favor, retocando o eliminando los puntos que más le disgustan, o se cancela automáticamente. Este extremo mermaría la inversión, que con el tratado tal y como está hoy tiene una certidumbre que no tendría si finalmente triunfa la propuesta de Robert Lighthizer, el hombre de Trump en la renegociación. En noviembre, el Gobierno mexicano aceptó la necesidad de dialogar cada cinco años sobre la marcha del tratado, corrigiendo los puntos en los que se pueda mejorar. La respuesta de las autoridades estadounidenses fue el silencio: ni sí ni no. Esta semana, ya en Montreal, el jefe negociador canadiense, Steve Verheul, ha retomado la contrapropuesta mexicana de que todas las partes se sienten sobre la mesa al menos una vez cada lustro para tratar los temas en los que hay discrepancias. Siempre, eso sí, sin la amenaza de ruptura. A falta de una respuesta formal estadounidense a la contrapropuesta canadiense, para EE UU no debería ser muy doloroso rebajar sus aspiraciones iniciales a un mero emplazamiento al diálogo. En todo caso, sería más sencillo aceptar una cesión en este ámbito que en reglas de origen o en resolución de controversias entre Estado y empresas.
Resolución de controversias Acabar con el actual esquema de resolución de controversias Estado-empresa para que los paneles de disputas “dejen de estar por encima de los tribunales estadounidenses”. La soberanía nacional es una prioridad ideológica de Trump y su equipo, y es el factor que ha desembocado en esta exigencia, que ya ha recibido la respuesta negativa de sus socios en el TLC. Los sectores más afectados serían, según un representante empresarial canadiense, el financiero y el energético: son los que más probabilidad tienen de batallar contra un país en los tribunales. Para el país norteamericano, la permanencia de los paneles de resolución de disputas en su forma actual es una cuestión de Estado. Nadie, ni el Gobierno ni los empresarios, quieren cambios en este ámbito, hasta el punto de haber convertido este punto en su mayor línea roja. Hasta este viernes, Ottawa no había puesto encima de la mesa ninguna contrapropuesta en este punto y no se espera que lo hagan en los próximos días: “Hay muy poco margen para el diálogo sobre esto”, aclaran desde el lado canadiense. Para Peña Nieto (PRI), es importante que se mantenga la esencia del tratado en este punto, pero no es una cuestión de vida o muerte, como en el caso canadiense. Incluso si EE UU insistiese en abandonar el actual mecanismo de resolución de controversias, tanto México como Canadá –y sus empresas– seguirían rigiéndose por él en su relación bilateral. Sin información.

Los principales problemas en la negociación del TLCAN.

 Fuente: Elaboración propia.

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