¿Es 2018 la misma película que 2006 o 2012?

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El ambiente político de este país, muchas veces, parece repetirse. Así, sobre la ventaja de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las encuestas, suele decirse que es una película que ya se vio, que sucederá igual que en 2006 y 2012, cuando al principio del proceso electoral las encuestas lo daban por ganador y, al final, la ciudadanía dictaminó otra cosa. ¿Será así? Si bien predecir es imposible, el contexto del país no es el mismo y han cambiado muchas cosas. Algunas de las que podemos mencionar son: La primera alteración a tener en cuenta, es la disminución del miedo. A cualquiera que le digan que AMLO es un peligro para México le dará un ataque de risa después de ver los indicadores del gobierno de Peña Nieto en economía y seguridad.

El tiempo ha puesto a cada uno en su lugar. El discurso de “la mafia del poder” parece más cierto que nunca. La élite parece haber devenido oligarquía. En nuestro país el poder político y el económico se hallan altamente concentrados en ciertos grupos sociales o incluso familiares. La dirigencia político-partidista está pésimamente evaluada y persistentemente en las en- cuestas de opinión se les asocia antes con la ambición individual y defensa de sus intereses particulares. También, en muchas ocasiones, se les acusa de trivializar el interés general y no tener intenciones serias sobre lo que preocupa a la ciudadanía.

Ya en 2012 se vio el poder de las redes, pero ahora parece que su peso es mayor. Vivimos en una época donde los mensajes se difunden a una gran velocidad y llegan, casi inmediatamente -pensemos en esa herramienta de comunicación llamada Facebook Live- al bolsillo del ciudadano. El teléfono inteligente minimiza el peso de los grandes medios de comunicación. Ya lo han dicho en muchos foros: si el conocimiento y la información son poder, el poder se ha repartido. Esto ocurre en varios sentidos. Por una parte, hay que hablar del impacto educativo. ¿Está el pueblo de México realmente educado? Por otra, es difícil que se reproduzca el esquema de un candidato fabricado por las televisoras como en 2012. Basta recordar que la deuda de Televisa no para de crecer y que su impacto -gracias a Netflix- se va reduciendo cada día.

Desde hace tiempo que nuestro sistema económico viene dando señales de alerta. No es que los empresarios sean necesariamente malos en un sentido moral. Es, mucho más, en este caso la excesiva concentración de poder la que les hace fácil abusar de sus posiciones. Los teóricos políticos saben, desde Platón y Aristóteles (hasta Locke y Montesquieu), que la concentración del poder genera posibilidades de abuso para quien lo ejerce. La distribución del poder, en cambio, es garantía para los más débiles. Esta máxima es válida para cualquier poder social, incluido el económico. Las maquiladoras aportan, en general, poco valor a sus materias, así la industria del país es incipiente, que las extensas jornadas laborales tienen baja productividad.

Las reformas estructurales, en general los primeros tres años del gobierno priista, incrementaron el centralismo. El tamaño ínfimo de las regiones en las que se agrupan nuestros estados es completamente inadecuado para propiciar una efectiva descentralización, que no sólo sea administrativa y fiscal, sino política. No se ha evaluado demasiado el impacto de este fenómeno. El centralismo hace muy difícil alcanzar decisiones correctas en terreno y el resultado es una pérdida de capacidad del Estado, el cual se vuelve un mecanismo que, en la medida en que crece, aumenta, en general, su ineficiencia.

Nunca antes en la historia del país, habíamos tenido tantos NINI’s (jóvenes que ni estudian ni trabajan). El abandono del gobierno hacia los jóvenes se puede leer como una reacción al movimiento #132 de 2012. Pero es peligroso el panorama que se obtiene al mirar la juventud: la expansión del consumo de drogas peligrosas, especialmente en las grandes ciudades; la fragmentación familiar y la ausencia de vínculos sociales dotados de una fortaleza y capacidad afectiva comparables; la falta de un ambiente social estimulante; de opciones laborales de muy bajo perfil y escasas posibilidades de desarrollo personal.

La pregunta no es tanto si AMLO ganará, si podrá aprovechar estos fenómenos o si éstos juegan a su favor. Más bien, la película de 2018 deberá responder si estamos entrando en un cambio de paradigma o si se hallan firmes las bases del modelo neoliberal que Los Tofícos implantaron en el país.

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Da click en la portada para descargar la versión completa del periódico Unomásuno:

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