El caso Anaya: ¿dos visiones?

La idea de que la campaña era una carrera en la que dos personas impedirían ganar a una tercera, ha saltado por los aires. Se entendía que Anaya, el panista, y Meade, el priista, competirían entre sí de aquí al mes de mayo para conquistar el segundo puesto, y el perdedor tácitamente se haría a un lado, para facilitar que el voto útil fluyera a su contrincante. Cualquier cosa con tal de evitar el ascenso al poder de López Obrador. Así funcionó en 2006. Sin embargo, esa idea saltó por los aires cuando la Procuraduría General de la Re- pública publicó un video filmado en el vestíbulo de entrada al edificio. En las imágenes, se veía a Anaya acompañado de los líderes del Frente, y junto, Diego Fernández de Cevallos. Iban a dejar un escrito por la supuesta vinculación que hay entre el candidato y Manuel Barreiro, acusado de “lavar” 54 millones de pesos de una operación inmobiliaria en Querétaro.

El candidato se negó a rendir en ese momento una declaración en un caso de supuesto lavado de dinero que lo involucra. El actuar de la PGR ha sido muy cuestionado, dada la rapidez con que se armó el caso, máxime si lo comparamos con la somnolienta duermevela en que está el caso Lozoya o los desvíos de dinero en el Gobierno Federal, producto de la Estafa Maestra, o el caso OHL. ¿Cómo entender el caso? Es evidente el uso, manipulado, de la Procuraduría, lo que implicaría una orden directa del Presidente o de su oficina. Anaya ha insistido en ese supuesto. Incluso, el afamado Jorge Zepeda, que el motivo de semejante represalia es que Anaya ha sido muy crítico con el PRI: “se lanzó a cuestionar la corrupción priista un día tras otro y la responsabilidad de su rival, ex secretario de Hacienda de la Administración. En algún momento la Presidencia juzgó que los cuestionamientos iban más allá de la confrontación política y bordeaban la ofensa personal”.

En el fondo, el discurso de Anaya representa una idea de cambio radical (ha criticado a Fox y a Calderón por no cambiar el sistema político). Eso, por supuesto, es peligroso para el PRI, al que deja expuesto a enfrentarse a dos candidatos que -como en el viejo cuento- le aseguran al rey que está desnudo. La Procuración de Justicia, el Estado de Derecho, la democracia imparcial, son conceptos que suenan bien, pero que a la hora de la verdad, el PRI no está dispuesto a asumir. Por eso, la demanda de una PGR sin ataduras, independiente es indispensable. Y ése es, nuevamente, el fondo del asunto.

Ahora bien, el caso pone de relevancia, desde el punto de vista político, la fortaleza del Frente. Más allá del apoyo que ha recabado de los principales dirigentes del PRD y Movimiento Ciudadano, el verdadero problema de Anaya está en el PAN, donde muchas personalidades se han resentido de su liderazgo. El caso, aun aceptando que sea armado, lo pone frente a uno de los temas que ha propuesto combatir en caso de victoria: la corrupción. Y, justamente, por ello, plantea más retos en el PAN que en otro partido del Frente. ¿Existe la doble moral en el PAN? En el dado caso de que la PGR sostenga sus acusaciones, ¿están dispuestos los panistas a hacerse de la vista gorda? ¿Cómo caerá este hecho frente a la candidatura independiente de Margarita Zavala? ¿Realmente, torpedear la candidatura de Anaya beneficia al PRI?

Finalmente, bien mirado, puede tenerse otra interpretación tal cual lo reconocía Salvador García Soto en El Universal: la PGR puede hacer el milagro. Es decir, que Anaya, que ahora mismo está en segundo lugar en las encuestas, se convierta en un candidato viable a ganar la Presidencia de la República. No es que esto sea una estrategia ni que ésta sea opuesta al punto de vista anterior, más bien es que si el caso es político, será posible sacar de él réditos políticos. Es un caso que exhibe la incompetencia: así, mientras más tiempo pase y la PGR no exponga con claridad sus razones, Anaya podrá siempre sostener una persecución política, sumando a este caso la escena con un agente del CISEN. Eso, recordando la reciente experiencia en 2005 del desafuero, garantiza crecimiento electoral. Veremos, en ese supuesto, una campaña entre dos contendientes. Justo lo que el PRI ha querido evitar desde que inició el proceso.

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