¿La elección de los indecisos?

quimera

Las elecciones generan un sinfín de información para el análisis, pero ésta no siempre es aprovechada  del todo. Y así cada seis años nos hacemos la misma pregunta: por qué votamos como votamos. ¿Nos gusta el masoquismo?  Diversos analistas señalan la falta de memoria, de ser parte del “electarado”, como llaman al fenómeno en el Perú. La realidad es mucho más compleja, por supuesto.

En enero pasado, una encuesta elaborada por el diario El Heraldo de México sostenía que los indecisos eran la primera mayoría del país, al alcanzar un 28% del electorado. Ante dicho escenario ninguno de los cuatro candidatos puede cantar victoria pues uno de cada cinco ciudadanos ha declarado no tener definido su voto y con ello los márgenes de diferencia en las diferentes encuestas se pueden mover hacia un lado o hacia otro. Cabe hacer una precisión importante: en condiciones normales, se pueden entender por indeciso a aquellos electores o electoras que teniendo intención de acudir a las urnas, no tienen decidido todavía (en el momento de la encuesta) el sentido de su voto, o se niegan a declarar el sentido de su voto futuro, en parte porque estiman que el voto es secreto, en parte porque sienten rubor a confesar su voto a determinadas opciones o líderes políticos.

Las razones para analizar su papel se derivan del hecho, estratégico, de que pueden marcar la pauta, quien los logre convencer o, en su caso, quien los afecte menos, será muy probable el próximo Presidente de la República. El proceso que recién comenzó será una lucha por atraerlos a las diversas campañas. Por eso, la elección presidencial no será un paseo. Al contrario, será una elección competida y sucia, porque hay un sector de ciudadanos que no han definido su voto, lo cual genera incertidumbre.

Ahora que ha empezado la campaña, el contingente de indecisos en las encuestas electorales parece que va en aumento, si es que nos fijamos en las últimas publicadas estos días, y, por tanto, la necesidad de utilizar métodos para que estos se decidan por una u otra opción  se hace cada día más evidente. ¿Qué sabemos sobre los indecisos? ¿Es posible medir su impacto? ¿Saber qué opción elegirán cuando llegue la hora de ir a votar? Algunos puntos importantes:

Diversas investigaciones de la célebre Universidad de Oxford, sostenían que  en las décadas 70 u 80 se sabía que aproximadamente el 80% de los votantes ya tenían tomada una decisión de voto o de abstenerse antes de la campana electoral y que no solían alterar en el curso de la misma. Se sabía también que entre el 70-75 % de los electores volvían a votar al mismo partido al que lo hicieron en la elección anterior, que aproximadamente un 10% cambiaba su intención de voto y otro 10% -indeciso al comienzo de la campaña- decidiría a lo largo de la misma.

La llegada de la sociedad digital, de la comunicación personalizada y masiva, inmediata, de la era global ha hecho que los indecisos vayan aumentando y sean más o menos visibles. Y, por lo tanto, que la preocupación por ellos aumente también.

También hay que dibujar una línea fina y aceptar la argumentación contraria: los indecisos tienen su naturaleza propia. Casi no les llama la atención la política o el proceso electoral. Pueden votar o no.  La indecisión, tal y como determina la Psicología, muchas veces es reflejo de la indiferencia. Se cree que los indecisos son la gran fuerza que de último momento va a cambiarlo todo, pero en realidad los indecisos pueden ser apáticos y nada garantiza que en algún momento se decidan por alguien. Así, a los indecisos les cuesta trabajo elegir  porque no les interesa mucho hacerlo o no les interesa, en realidad, dar a conocer su opinión.

Quizá por este último punto, estamos viendo propuestas un tanto ambiguas, diseñadas para captar a esos indecisos. Ya no se trata de ideología sino de un marcado discurso mercadológico. No hay grandes narrativas, sino simples lugares comunes. Quizá porque es lo más fácil. El camino contrario, claro, es apelar a la racionalidad de las personas, hacerlas que piensen y se detengan dos, tres o cuatro minutos en escuchar aquello que se propone para el futuro. Pronto veremos cuál de estas estrategias triunfa.

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