Una crítica constructiva

CON CHANFLE

En medio de una muestra de poder, la semana pasada Andrés Manuel López Obrador (AMLO) entró en un choque con varios de los empresarios más poderosos del país, entre otras cosas por su idea de separar el poder económico del poder político. Los empresarios contestaron con un desplegado, donde sostenían que la verdadera riqueza del país está en sus manos, pues son los que generan los empleos formales. De esta forma, AMLO presentó su plan económico, denominado Pejenomics: hacia una economía para todos. Este texto, creado para quienes dudan de la viabilidad de su programa económico, toma su inspiración en aquel que presentó Ronald Reagan a principios de la década de los 80, bajo seis principios:

  • Fomentar la diversidad de actores en el sector bancario y propiciar condiciones para la competencia.
  • Crear un fondo mixto de inversión pública y privada para detonar proyectos de infraestructura.
  • Aumentar y diversificar las exportaciones.
  • Aplicar una política de cero endeudamiento y baja inflación.
  • Consolidar destinos posicionados e incentivar nodos de desarrollo turístico regional en zonas con potencial.
  • Favorecer los programas universales que detonan el consumo y las economías regionales.

El documento, que consta de 18 hojas, ha causado gran revuelo. El propio Consejo Coordinador Empresarial (CCE) -uno de los organismos que se sumó al desplegado empresarial hace una semana-  calificó la propuesta como un sin fin de “buenas intenciones sin ninguna explicación”. ¿Es así? El documento tiene la fortaleza de poner el centro de atención en la campaña de AMLO, asumiendo que su triunfo ya es inevitable. Como instrumento político, nada más, es un éxito notable. Ningún otro candidato ha presentado un programa económico como tal, ocasionando que éste sea el que se critique. Ahora bien, es un texto enunciativo, no uno explicativo. No plantea la forma en que se dirigirá la política económica, ni los plazos o indicadores a los que estará sujeta. Algunas preguntas sin respuesta del documento son: ¿con qué recursos se harán estos seis puntos? ¿Cuáles son sus reglas? ¿Cómo se puede estimular el consumo si no hay una política para mejorar los ingresos? En particular, el CCE criticó que la concepción básica sea que es más importante la producción, oferta y venta que la demanda, compra y consumo. Es una crítica seria, aunque como todo en la teoría económica, discutible. A nuestro juicio, del documento lopezobradorista se desprenden dos grandes incógnitas:

  1. ¿Habrá reingeniería del gasto? AMLO habla de que en su gobierno no se crearán ni se incrementarán los impuestos existentes. Eso implica realizar una reingeniería del gasto público tarde o temprano. De otra forma, no se explica cómo se hará si no se está considerando incrementar los ingresos presupuestarios. En algún momento, se debe aclarar cómo van a cubrirse las presiones que ya tiene el gasto como las pensiones, gasto en salud y el costo financiero de la deuda, si no hay más ingresos.
  2. ¿Cambio de modelo o reorientación? AMLO ha hablado de que el modelo económico ha traído muchas desgracias para el pueblo de México, pero a decir del CCE, muchas de sus propuestas ya existen, como por ejemplo el de crear un fondo mixto de inversión público y privada para detonar proyectos de infraestructura. Sólo es cambiarle el nombre a lo que hay actualmente en la Ley de Asociaciones Público-Privadas. ¿Plantea o no un cambio de modelo? ¿Qué papel jugará en ello el mercado interno? Queda, entonces, por explicar, cómo se reactivará la economía, cómo se crearán programas que incentiven la inversión en las empresas y en infraestructura. De igual forma, para hablar de reducir las brechas sociales, es necesario plantear propuestas en materia de productividad y de informalidad en la economía.

Incluso, hay temas importantes en el manejo económico que brillan por su ausencia: no se habla de política laboral ni del salario. No hay rastro de un ingreso mínimo universal (la gran propuesta de Anaya), ni de políticas redistributivas para combatir la pobreza y la desigualdad. AMLO no establece metas macroeconómicas ni indica qué PIB desea para la nación. Quizá lo más destacado reside en que no habla de PEMEX, de los energéticos o de la CFE. ¿No se supone, como decía en 2006 y en 2012, que la industria energética sería la “palanca de desarrollo” del país? Es una ausencia notable, máxime si tomamos en cuenta la propia historia política de AMLO. También lo es el tema de la inversión. ¿Qué garantías habrá para ella, tanto la nacional como la extranjera?

En términos de teoría económica, lo mejor de sus propuestas son cosas que ya se hacen y que son perfectamente compatibles, siendo en realidad un keynesianismo soft con tendencia a liberalizar, más que auténtico liberalismo. Sus ideas de cero endeudamiento, baja inflación, fortaleza del peso, inversión privada y pública conjuntas, fomentar las exportaciones y el turismo, etc., son idénticas a lo que se ha venido haciendo al menos desde Zedillo. Queda entonces la duda: si en verdad han destruido al país, ¿por qué quiere adoptarlas? ¿O cómo pretende hacer para que con él las mismas propuestas que, supuestamente, no funcionaron con otros, ahora sí funcionen?

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