Una elección emocional

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Una de las cosas que más llama la atención del proceso electoral es que, en muchos sentidos, ha reemplazado el discurso político por algo mucho más primario, como son las emociones. En los candidatos a la Presidencia de la República abundan los llamados a la sensibilidad de los electores. El mejor ejemplo, quizá, fue la bala que Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, mostró durante el primer debate. Quién mejor puede hablar de seguridad que aquel que ha sido víctima, que entenderá el dolor de las víctimas. Siguiendo esto, podríamos decir que aquellos capaces de transmitir emociones, son los más capaces a la hora de recolectar votos.

La desaparición del discurso político; es decir, de las ideas, conlleva entonces lo que se conoce como las ciencias del comportamiento, la ciencia cognitiva. En un singular librito, No pienses en un elefante, George LaKoff ha explicado en qué consiste esta llamada emocional. Primero, los seres humanos pensamos en términos de marcos mentales y metáforas. En palabras de Lakoff: “los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo; todas las palabras se definen en relación a esos marcos. Puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos requieren un nuevo lenguaje”. Así pues, el cambio de marco deriva, precisamente, en un cambio social. Por eso, lo importante para ganar elecciones es entender los marcos mentales del ciudadano. De esto, podemos concluir dos cosas interesantisimas para observar el proceso electoral:

  1. La mayoría de los votantes no vota por sus intereses sino en función de con qué candidato se identifican sus marcos.

  2. Así, los ciudadanos votan según su identidad, sobre la base de quiénes son, de qué valores tienen y a quién y a qué admiran. Es decir, que los estereotipos ya sean culturales o morales enmarcan el voto. Provocan que el electorado sienta afinidad o rechazo por un candidato según sus prejuicios.

En este clima tan exacerbado de lo que algunos llaman guerra sucia, en el que Venezuela es el mantra del negro futuro que se avecina si gana el candidato de Morena y la KGB será la encargada de brindar seguridad y restituir a la vieja Dirección Federal de Seguridad (DFS). La emoción primaria a la que se alude, como en el 2006, es el miedo. Y sus efectos son drásticos: ahora mismo hay una polarización en todos lados (en la calle y en las redes sociales). Los datos de Oraculus muestran cinco tipos de audiencia: los antisistema, los pragmáticos, los conservadores, los sistémicos y los indecisos. También hay cuatro segmentos de edad: los de 18 o 19 que son idealistas, los de 20 a 29, que son apáticos e indecisos, los de 30 a 49, que ya tienen algo que perder y los mayores de 49, que ya lo tienen claro. El cruce entre una emoción de terror, el tipo de audiencia y el grupo de edad puede generar muchas sorpresas. Sí, parece difícil que la tendencia cambie, pero queda mucha campaña. Una cosa es la campaña y otra el día de la votación. Las elecciones se juegan ahora en el terreno de la emoción. Por ello, hay que estar pendientes de dos fenómenos que ya se observan a la hora de inculcar emociones en la ciudadanía:

  • Son tiempos de la postverdad. Y por ello, parece no importar la veracidad. Básicamente, lo primero ha de ser la confianza de los electores. Hay que presentar datos que refuercen esa confianza, aunque no sean del todo ciertos.

  • Como en los tiempos de la propaganda, los medios cuentan. Resulta que llamamos “tanques de pensamiento” a los diarios, blogs y demás páginas de internet que nos presentan vídeos y que llamamos “intelectuales” a los presentadores de televisión. Es la sociedad digital.

Veremos cómo, con la llegada de la jornada electoral, se van desarrollando estos fenómenos.

El costo fiscal de erradicar la pobreza. Todos los actores políticos hablan de reducir la pobreza. Ninguno dice cómo, quizá por qué no saben cómo hacerlo o piensan que el tema es grave de cara al discurso, pero útil a la hora de conseguir votos. Por ello, es relevante el reporte “Costo fiscal de erradicar la pobreza extrema en México”, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).La idea central del reporte es que el Estado cubra la diferencia entre un nivel de ingreso considerado deseable y el ingreso del derechohabiente con base en una fórmula que le da más al que tiene menos, lo que combate la iniquidad económica, y no con base en una evaluación burocrática. De esta forma, lo que se propone es la introducción de un impuesto negativo sobre la renta de las personas (INR) sobre el ingreso de los mexicanos más pobres, así como su costo fiscal. Para la CEPAL, es posible modular el INR para que no penalice los esfuerzos del derechohabiente por aumentar su ingreso. Así, se hace que el ingreso monetario total (incluyendo el INR) de los beneficiarios sea mayor o igual al componente monetario de la “pobreza extrema”. Los datos en los que se sustenta esta idea son:

  • Con una cuarta parte de lo que se gasta el gobierno de México en programas y acciones asistenciales se erradicaría la pobreza extrema en el país Esto, porque con 216.1 mil millones de pesos, equivalente a 1.25 por ciento del PIB, se puede asegurar que 33.2 millones de mexicanos mayores de 18 años tengan un ingreso mayor que la Línea de Bienestar Mínimo (LBM).

  • El costo para eliminar la pobreza equivale a una cuarta parte de los 876 mil millones de pesos que el Coneval estimó para el 2017 en 148 de 233 programas asistenciales.

  • Existen unos seis mil 751 programas y acciones de desarrollo social en todo el país tanto a nivel federal como estatal y municipal, lo que refleja duplicidad de esfuerzos y falta de coordinación entre autoridades.

  • Para ello, la propuesta sería establecer un impuesto negativo sobre la renta personal (INR), que consiste en que el Estado cubra la diferencia entre un nivel de ingreso considerado deseable y el que tiene la persona, con base en una fórmula que le da más al que tiene menos, lo que combate la inequidad económica y aunque la persona recibe ayuda, le sigue conviniendo tratar de aumentar su ingreso.

  • Por viabilidad, transparencia y simplicidad, sólo tendrían derecho a esta transferencia los ciudadanos mexicanos mayores de 18 años que declararan sus ingresos ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCyP).

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