Las instituciones y el desarrollo

quimera (1)

¿Qué papel juegan las instituciones en el desarrollo y el combate a la desigualdad? Es lo que se pregunta el estudio Perspectivas económicas 2018: Repensando las Instituciones para el Desarrollo, de la Comisión Económica para América Latina. Hay dos aspectos importantes en esta discusión:

1. El 75% de los ciudadanos en la región tiene desconfianza de las instituciones públicas. Esto nos lleva a tener un continente donde está prevaleciendo el enojo, el miedo y el desencanto.

2. Paradójicamente, este escenario se registra en un momento de recuperación económica. En el 2017 la región creció 1.2% y para este año se espera una expansión de 2.2%, pero la población no la siente.

Entonces, hablar de las instituciones tiene una importancia capital, pues fortalece su vínculo con la ciudadanía y su capacidad de responder a las demandas de una sociedad con nuevas expectativas. Así, analizando las instituciones para el Desarrollo, la CEPAL identifica varias ventanas de oportunidad para reconectar a los gobiernos con los ciudadanos:

El impulso reformador de una clase media más exigente. En 2015, 1 de cada 3 ciudadanos de América Latina (34.5%) formaban parte de la llamada “clase media consolidada” (que vivía con 10-50 USD al día), comparado con 1 de cada 5 (21%) en 2001. Esa prosperidad económica ha venido acompañada de mayores aspiraciones, así como de un código de valores renovado que reclama con mayor firmeza el cumplimiento de los principios democráticos.

El potencial de las nuevas tecnologías y la transformación digital del Estado. La revolución digital que ha impulsado las aspiraciones de los ciudadanos por un mejor Estado y le ha dado tanta visibilidad a la corrupción también nos ofrece nuevas herramientas para combatirla. Por ejemplo, nuevas herramientas como la minería de datos, la inteligencia artificial, y las cadenas de bloques han abierto el abanico de herramientas disponibles para mejorar la calidad e integridad de las políticas públicas. Los laboratorios de innovación fomentan colaboración ciudadana con las instituciones públicas, y las estrategias de gobierno abierto promueven una cultura de transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información. El potencial transformador de la digitalización también se extiende al poder judicial para fomentar instituciones judiciales independientes y eficaces, y al ecosistema de integridad pública y prevención de la corrupción. Un ejemplo es la tramitación digital de los procedimientos judiciales, recientemente introducida en Chile.

Capacidad y voluntad para quedarnos sólo con aquello que funciona. Sólo se puede avanzar hacia Estados más capaces e inteligentes generando un músculo tributario más acorde a los desafíos, y fortaleciendo las capacidades de rectoría estratégica del Estado desde centros de gobierno empoderados que fortalezcan la coordinación y la coherencia de las políticas públicas. Se requieren marcos regulatorios robustos para limitar prácticas perjudiciales y de captura en la interacción entre sector público y privado. También se necesita profesionalizar la función pública, fortalecer la capacidad fiscal, mejorar la gestión por resultados, y optimizar la inversión pública en infraestructura. Nos sobran los ejemplos de gobiernos con computadoras del siglo XXI con procesos del siglo XX: toda la innovación y tecnología del mundo no producirá resultados si la maquinaria de gobierno no está bien aceitada.

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