La geopolítica explica por qué México no será Venezuela.

La consultora internacional Stratfor ha entrado en el debate sobre si el triunfo de AMLO puede llevar a México por la senda de Venezuela. Parece que en la respuesta deben tomarse también elementos más básicos, derivados de la geografía.

  • México mantiene una situación geográfica interesante pero a la vez complicada: terreno irregular, difíciles de defender ante amenazas externas e internas, pero a su vez, forma una defensa natural a su núcleo, entendiendo este último como el corredor central del país (Veracruz, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Ciudad de México). Tomando en cuenta la protección central podemos hablar sobre las vulnerabilidades estratégicas que sostienen los litorales mexicanos.
  • La zona occidental resulta ser inhóspita para el cultivo por la falta de mecanismos infraestructurales para el riego, en consecuencia, el giro primario se ha sostenido en la ganadería, aprovechando para ello las praderas desérticas de la parte noroccidental. Por su parte, la zona oriental del país, a pesar de su fértil suelo, planicies, y densos bosques tropicales ha sido una de las zonas más sensibles y con mayor vulnerabilidad militar para el centro del país, esto por su vecindad con grandes potencias mundiales de cara al golfo de México.
  • Poniendo en marcha la premisa de Harold Mackinder -aquella que habla del corazón continental – podemos pensar en las amenazas históricas y las regiones de mayor vulnerabilidad. La ciudad de Veracruz ha sido el punto en el que las amenazas extranjeras y domésticas han podido lanzar con éxito las invasiones a la ciudad de México. Sin embargo, es de suma importancia controlar e influir desde el centro a zonas del núcleo exterior, como lo son Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Guerrero, Estados difíciles de controlar, y pueden servir como puntos de lanzamiento para las fuerzas rebeldes. Para la Ciudad de México, es crítico contener y mitigar los disturbios en estas áreas a fin de garantizar la seguridad física del núcleo. Los límites políticos han cambiado de forma no favorable pero también de manera ideal para México. Al tener una frontera norte árida y con una geografía seca y desolada, a pesar de ser una defensa geográfica ideal para cualquier invasión externa, es también una zona fértil para la disidencia civil y actividades ilegales.
  • Por otra parte, en el sur, en la península de Yucatán existe la idea de que la zona, a pesar de ser una zona fértil y tropical, su altitud y su falta de actividad agrícola ganadera no sean propicias para el crecimiento económico sostenible de la región, lo cual genera desigualdad y descontento entre los locales. Teniendo entendiendo las vulnerabilidades políticas de un país, se podrá proteger a estas y solo después de eso se podra ver mas alla de los intereses nacionales para así adentrarnos a un escenario regional. Para México, es fundamental proteger las dos penínsulas (Yucatán y Baja California) para poder tener una defensa ante amenazas externas. Brasil, al ser una potencia económica regional ha mejorado su zona de influencia naval, por eso es importante que México ponga atención hacia el Golfo de México, entendiendo que si controla el caribe y su zona de influencia avanza hacia Florida y Cuba, tendrá no solo la oportunidad de contener ataques de la región sur y norte de América, sino que también de Europa.
  • La historia nos demuestra la vulnerabilidad de la zona para México. A esto hay que añadirle los vericuetos de la historia reciente. México, se ha enfocado en un camino hacia un nuevo modelo económico desde 1990. Durante el periodo 1950-1982, México adoptó una estrategia de desarrollo sustentada en dos ejes básicos: la protección al mercado interno y la creciente intervención del gobierno en la economía, a efecto de crear un proceso acelerado de industrialización. A lo largo de las primeras dos décadas, la estrategia funcionó. Al amparo de una política fiscal y monetaria muy conservadora, la inflación se mantuvo bajo control y la economía creció a tasas elevadas.
  • En la década de los setenta, la estrategia comenzó a dar muestras de agotamiento. La crisis devaluatoria de 1976 fue una señal clara de que la estrategia debía revisarse, pero el descubrimiento de yacimientos petroleros permitió persistir en ella por unos años más. Sin embargo, la tregua duró poco: en 1982 estalló una nueva crisis, precipitada por la caída del precio del petróleo, pero alimentada por deficit fiscales y de cuenta corriente insostenibles. La crisis financiera solo fue un reflejo de un problema aún más grave: la crisis estructural de la economía. El cambio de modelo económico para adaptarse a un mundo más globalizado e interdependiente fue necesario, e inmediato. En 1994 se instrumentó un ambicioso programa de reformas estructurales en torno a cuatro ejes:
  1. Reforma de Gobierno, orientada a racionalizar gastos, fortalecer ingresos, adelgazar estructuras burocráticas y depurar el aparato productivo gubernamental
  2. Privatización de empresas públicas
  3. liberación del comercio e inversión
  4. desregularización de normas económicas (eliminar normas obsoletas).

Lo cierto es que a casi 25 años de la implantación del nuevo modelo, las cosas no parecen haber cambiado en forma radical, no al menos para los grandes núcleos poblacionales o zonas del núcleo externo del país, a forma de hipótesis se puede decir: falló el modelo mismo como su implementación. Lo anterior ha situado a México en una zona histórica de desgaste político económico, en el que sus habitantes tienen que buscar formas informales de giro económico al cual dedicarse, entre ellas el narcotráfico, aprovechando en ello la geografía fronteriza (alejada de los centros urbanos más grandes y del control policíaco) para poder tener un control absoluto en el traslado de mercancías ilícitas.

En el sur se tiene una frontera natural, con aduanas y centros de revisión obsoletos y nulos, dada la geografía tropical, con montes, vegetación y ríos que no facilitan la detección de inmigrantes, es difícil mantener el control de lo que pasa por ahí. En el norte, por su parte, se tiene una zona árida, de difícil acceso y con una extensión de más 3169 km de ancho, lo que dificulta el control de zonas sin protección física y solo con patrullas fronterizas con turnos programados. México es fundamentalmente desafiado, ante todo, por su geografía física. Con cadenas montañosas en las que los disidentes pueden esconderse, desiertos expansivos que son difíciles de controlar o defender y vulnerabilidades serias a las incursiones navales, México es inherentemente susceptible a serios desafíos de seguridad. A lo largo de su historia, estas amenazas han abarcado desde invasores extranjeros hasta guerrillas. Las organizaciones de tráfico de drogas de hoy son solo la última manifestación de este desafío. El terreno accidentado del país carece de redes naturales de transporte fluvial, lo que hace que sea extremadamente difícil para México generar y acumular capital. Esto deja al país dependiendo del capital externo y a merced de la dinámica del mercado internacional. México comparte una frontera poco protegida de 3.200 kilómetros con los Estados Unidos, el mercado de consumo más grande del mundo. Esto hace que la economía de México, que depende de los Estados Unidos, importe de todo México, desde computadoras hasta medicamentos, así como para exportar alimentos mexicanos críticos, altamente dependientes de los caprichos del mercado estadounidense. México también depende militarmente de los Estados Unidos para defender el vulnerable flanco oriental de México y, por lo tanto, es muy vulnerable a la influencia política de los Estados Unidos. Frente a todos estos desafíos, no sorprende que México se haya mantenido asediado y subdesarrollado en comparación con su vecino del norte. Incluso antes de abordar los problemas que surgen a nivel político y político, México debe superar los desafíos de su geografía física.

Perspectivas en la lucha contra la corrupción. La institucionalización de la corrupción en México, la falta de credibilidad generalizada en los partidos políticos que han ocupado el poder ejecutivo y la mayoría relativa en los congresos, la percepción de la gente de un sistema político falaz, de poca transparencia y de compadrazgos, la debilidad en el discurso del presidente ante el problema TRUMP, principalmente en los temas de migración y TLCAN, que por sí solos atraen y repelen votos dependiendo de la complacencia que se le dé a la opinión pública, fueron factores determinantes que hicieran caer al priismo por su propio peso, consagrando un histórico voto de castigo en contra. Por otro lado, la constancia de Andrés Manuel López Obrador en el discurso de oposición, que estratégicamente sacaba a relucir todos estos tumores que ya invadían el Establishment político del país y que tiene como eje central la corrupción, intensificaron la intolerancia pública hacia la clase política y la ideología imperantes. La acelerada percepción de que México es un país enfermo de corrupción, otorgo la victoria al personaje que mejor utilizó las circunstancias a su favor.

Pero ¿cuál es el mensaje de AMLO en términos de corrupción? Mucho se ha comentado sobre la imposibilidad histórica al aseverar que “si el presidente es honrado, también lo será el resto de la clase política”, y si bien esto, como se menciona, carece de hechos históricos que lo respalden, es necesario tomar en cuenta la importancia de un mandatario honesto, sea este el caso o no, y que ha acaparado un inusitado poder, perfilándose, en el caso de que así lo sea, para instituir un sistema de leyes con sanciones y acuerdos pertinentes que disminuyan los actos de corrupción, como siempre se espera. El uso desmesurado de la palabra amnistía ha sido otro estandarte de la crítica mexicana, si bien en mayoría se utilizó en referencia a “los que hemos dejado atrás”, lejos de cualquier cobijo económico y de bienestar, básicamente forzados a formar parte del “otro bienestar social”, probablemente el más destructivo que hemos creado y constantemente el único camino: la ilegalidad, representando ésta opción como una manera de apaciguar a las personas olvidadas, y para ellos, en términos generales, se manejó el concepto de amnistía.

Por otro lado se realizó un boceto abstracto sobre las penalizaciones hacia los funcionarios públicos, que nunca lograron solidificarse en el imaginario colectivo, ni en el discurso. Se antepuso el tema moral sobre la relevancia de Identificar y cuantificar los costos de la corrupción, bases indispensable para conocer la dimensión del problema y el diseño de políticas públicas adecuadas para su prevención y erradicación, lo demás pinta como mera estrategia que probadamente otorga ventaja electoral, anclándose a una idea de valores, que aunque inverosímil en el terreno pragmático, sí necesaria en el sentido de complacencia al electorado y afianzamiento en la figura de un líder con autoridad moral. Por ello, uno de los primeros retos que tendrá MORENA será convencer e informar a la población de que los cambios prometidos son paulatinos, complejos e ineludiblemente construidos sobre visiones a largo plazo, sólo de ésta manera se podrá traducir la indignación de la gente y las promesas de campaña, en estrategias exitosas.

Tomando lo anterior en cuenta, algunos expertos prevén dos caminos durante la administración de Andrés Manuel López Obrador: el de buscar satisfacer al electorado mediante la reducción de la injerencia del Estado, optando por empoderar organismos anticorrupción con facultades importantes para actuar fehacientemente, o bien, tajantemente dirigirse a los funcionaros corruptos, por medio de auditorías e investigaciones. Confrontar Las duras realidades de la gobernanza pueden finalmente impactar los deseos de un cambio verdadero y transformarlos en una serie de investigaciones específicas a través de las instituciones existentes, evitando la algarabía política que rodearía el establecimiento por el Congreso de órganos de investigación mucho más fuertes.

La preocupación sobre la disyuntiva sobre la utilización del financiamiento público, que si bien va para obras que a corto plazo generan un mayor nivel de votantes a favor, o para la visión a largo plazo que tiende a desencantar al electorado y llega a ocasionar una pérdida importante de credibilidad durante los escasos seis años de mandato, es latente. López Obrador se jacta del incentivo político y maneja las herramientas para acelerar las investigaciones de corrupción; la única pregunta es si finalmente decide que las recompensas de tomar una postura dramáticamente más fuerte contra la corrupción endémica de México justifican el riesgo. Para fines prácticos, se puede considerar que, de lo dicho durante la campaña, resalta la necesidad de conocer la corrupción: localizar los focos rojos, principalmente en qué áreas de Gobierno (limpiar primero la casa), medir la propagación que ha tenido en los últimos años, identificar las causas principales que la desencadenan junto con las áreas de riesgo que permiten su reproducción.

Registrar sus mecanismos de operación, comprobar sus efectos y analizar y buscar la adaptación de las experiencias exitosas a nivel internacional. Reconocer que ciertos factores fundamentales han permitido su extensión, como las leyes permisivas, la falta de transparencia y la impunidad que permiten que el corrupto se sienta cómodo. Pero, por otro lado, llama la atención la poca que recibe un componente primordial: la voluntad humana. El primer problema es propio de lo jurídico, de las leyes, de la transparencia y la evidencia científica que respalde la implementación del conjunto: el acompañamiento y la participación Ciudadana, la constatación de códigos penales para delitos de corrupción, el uso de herramientas digitales como apoyo a la transparencia, etc.

La segunda (probablemente de mayor trascendencia), sobre todo, tiene que ver con un cambio social en toda la extensión de la palabra. Y el aparente sentimiento Nacional es precisamente ese tipo de cambio, sólo falta ver la cantidad de votos recibidos por el partido en comparación con sus adversarios y la celebración magna que se observó durante y después de la Jornada Electoral.

Es por eso que ésta administración que se avecina recobra sentido, dada la postura presidencialista del País, la figura del Ejecutivo debe contrastar con el desaseo atestiguado de sobremanera por la población durante las últimas administraciones, para la consagración del inicio de un nuevo camino en la vida política de México, es decir, un presidente que cuente con una incansable e irreductible voluntad política. Y es precisamente por esto que si el nuevo presidente se ve obligado a bajar el tono de su campaña contra la corrupción, continuará como el líder mexicano más fuerte en décadas.

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