La desigualdad en 2018

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El Colegio de México (COLMEX) ha presentado el informe Desigualdades en México 2018, donde se analiza la manera en que se acumulan e interactúan las desventajas en el curso de vida de las personas. Es interesante, dado que se presenta un análisis actual y retrospectivo, a partir de 2000, con la intención de enriquecer el debate y la agenda pública, aprovechando la conformación de un nuevo gobierno.

Este esfuerzo interdisciplinario parte de la convicción de que las desigualdades son multifactoriales y que su diagnóstico requiere miradas analíticas diversas para generar iniciativas innovadoras y efectivas que permitan abatirlas. Así, se pone énfasis en los legados de desigualdad y en los nuevos retos para la equidad. Para destacar la interdependencia y la acumulación de las desigualdades en México, en este análisis considera dos dimensiones que atraviesan tanto los legados como los nuevos desafíos: las desigualdades de género y en el territorio. También examina cómo las plataformas electorales de las tres coaliciones que competieron por la presidencia diagnosticaron y propusieron aliviar las patentes desigualdades en nuestro país. Derivado de ello, hay cuatro elementos que caracterizan la perspectiva del estudio sobre las desigualdades en México: su carácter relacional, la interseccionalidad entre sus diferentes dimensiones, la acumulación de desventajas durante el ciclo de vida y, finalmente, los nuevos desafíos para la igualdad. Entre los elementos que refuerzan la presencia de la desigualdad en el país, el Colegio de México presenta tres aspectos:

Educación. El informe confirma que el acceso a la educación secundaria se ha universalizado en la práctica, por lo que se observan niveles de desigualdad socioeconómica relativamente bajos en la matrícula en este nivel. Esta expansión del acceso significa, no obstante, que la población escolarizada tiene una composición social cada vez más heterogénea y con mayores retos de educabilidad. En términos de la calidad de los aprendizajes y la finalización del nivel medio superior, las desigualdades educativas siguen siendo severas. Si bien las diferencias de ingreso se han atenuado en los últimos años, todavía generan las mayores brechas en los resultados educativos. Las desigualdades entre zonas rurales y urbanas han descendido en cuanto al acceso a la educación secundaria y a terminar el nivel medio superior, pero persisten en la dimensión de aprendizajes. Las diferencias entre indígenas y no indígenas se mantienen en el acceso y la finalización y parecen haberse incrementado en el logro de aprendizajes.

Ingreso y movilidad. En México, las personas nacidas en pobreza siguen teniendo muy limitadas de ascender en la escala social. De hecho, tenemos una de las tasas de movilidad social ascendente más bajas en el mundo. Además, como los ingresos laborales de los trabajadores se han estancado desde 2007, aun con talento y esfuerzo, el panorama de la movilidad es muy desalentador. La situación es más grave para las mujeres. Ellas son más propensas a descender en la escala socioeconómica si parten de una posición privilegiada, y las que nacen en hogares con pobreza tienen mayor probabilidad de mantenerse en condiciones de marginación en su vida adulta. En México, sobre todo por la baja tasa de participación laboral femenina, las mujeres dependen en gran medida del ingreso de su pareja o familiares. Además, por la brecha salarial, aquellas que trabajan reciben en promedio menores ingresos que los hombres.

Trabajo digno. En México, desde 2000, las oportunidades para acceder a empleos de calidad han disminuido. La precariedad laboral se revela en tres datos contundentes: la proporción de trabajadores subordinados que ganan menos de un salario mínimo ha aumentado en más de 50%, la fracción con seguridad social no ha crecido y la de quienes trabajan sin contrato ha disminuido marginalmente. A partir de la recesión de 2008, los salarios se han deteriorado para las personas con alta escolaridad y para los empleadores, sin una mejora sustancial en los ingresos de los otros grupos; desde la crisis, hemos presenciado una continua convergencia salarial a la baja. Tanto las personas que laboraban en condiciones de formalidad y aquellas que lo hacían en el sector informal mejoraron sus ingresos hasta la recesión económica, pero a partir de entonces hemos observado un deterioro en las remuneraciones de los trabajadores formales.

Alrededor del mundo, hay evidencia para demostrar que las desigualdades pueden evitarse o subsanarse con una amplia gama de intervenciones públicas como impuestos o subsidios, cuotas de minorías en las asambleas legislativas o sistemas universales de protección social. En este informe decidimos no incluir recomendaciones de política pública porque consideramos que las propuestas de intervención deben surgir del trabajo conjunto entre sociedad, gobierno y academia. Es decir, la elaboración de políticas públicas debe verse como un bien público, pues su intención no es otra que abatir las desigualdades clave en la vida de las personas nacidas en nuestro país.

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