El eterno caso Iguala

PABLO TREJO CON SENTIDO

Ya hemos dicho alguna que otra vez que siempre hay preguntas que son muy fáciles de plantear pero extremadamente díficles de responder. Una de ellas es: ¿qué sucedió hace cuatro años en Iguala, durante la infame desaparición de 43 estudiantes y el asalto al autobús de Los Avispones de Chilpancingo, un equipo de fútbol? En esta semana Andrés Manuel López Obrador comunicó, en un acto emotivo, justo en el 4º aniversario de la desaparición, oficialmente la creación de una comisión de la verdad para el caso Ayotzinapa.

El caso tiene un lugar destacado en la lista de problemas que AMLO heredará de Enrique Peña Nieto y, sin duda, será una de las grandes peidras calientes con las que se tendrá que lidiar. Estos cuatro años han hecho trizas la imagen de eficiencia gubernamental que el PRI ostentó durante buena parte de su historia. La investigación se encuentra en un punto muerto. No tiene respaldo social y carece de credibilidad para los organismos internacionales y -más importante- para los familiares de las víctimas de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, alma mater de los muchachos. Esto, por al menos, tres grandes razones:

La hipótesis de la Procuraduría General de la Republica (PGR) es bastante conocida: afirma que los 43 normalistas fueron incinerados en el basurero de Cocula. A esto de le ha dado el nombre de “verdad histŕoica”, frase desgraciadamente célebre pronunciada pro José Murillo Karam, entonces Procurador General de la República. Dicha hipótesis se basa en dos dictámenes elaborados por peritos.

Sin embargo, en una cosa inaudita, ninguno de esos dictámenes forma parte de la causa penal iniciada contra las personas a las que el gobierno acusa de la desaparición de los estudiantes. Tal como informó el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez –que da acompañamiento legal a las familias de los jóvenes desaparecidos– “en estos dictámenes se afirma que en el basurero de Cocula existió un incendio con la capacidad de reducir a cenizas 43 cuerpos humanos”. No obstante, advirtió el Centro Pro, dichos dictámenes “no hacen parte de las acusaciones presentadas hasta hoy por la PGR”.

Es decir, aunque la PGR públicamente ha afirmado, primero en 2015 y luego en 2017, que cuenta con pruebas científicas de que los 43 normalistas sí fueron “incinerados”, dichas pruebas, en realidad, no serán analizadas por un juez, ya que la Procuraduría no presentó estos peritajes como evidencia en contra de los acusados. Eso por una parte. Quien sí pudo analizar los dictámenes fue el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) enviados a México por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para revisar las indagatorias de las autoridades nacionales. El análisis del GIEI concluyó que ambos peritajes de la PGR son “deficientes”, y que no prueban realmente que los 43 jóvenes fueron incinerados en el basurero de Cocula. Peor aún, el grupo encargó su propio peritaje, con el cual se concluyó que no era posible incinerar 43 cuerpos en las condiciones y el tiempo sostenidos por la PGR.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos demostró que las indagatorias realizadas por la PGR presentaban no sólo deficiencias, sino ocultamiento de hechos clave. En el juicio iniciado contra los supuestos perpetradores, la única prueba presentada por la PGR para sustentar la hipótesis de la incineración a manos del crimen organizado es, precisamente, la declaración de los detenidos.

Ya desde 2016, el GIEI había alertado, en su segundo informe sobre el caso Ayotzinapa, que existían indicios de que los detenidos estaban siendo víctimas de tortura, algo que el gobierno mexicano negó. No obstante, en junio de 2018, un juez de amparo revisó los expedientes de 13 personas acusadas de pertenecer al Cartel Guerreros Unidos, y de haber asesinado e incinerado a los normalistas, y concluyó que existían pruebas suficientes de que todos habían sufrido tortura luego de su captura, cuando fueron trasladados a la PGR o ya dentro de sus instalaciones.

Esto pudo comprobarse al analizar los expedientes médicos de cada detenido, ya que con cada nueva evaluación realizada durante su detención, nuevas lesiones fueron apareciendo. Así, la solidez de la investigación comenzó a hacer agua incluso para el Poder Judicial: las declaraciones obtenidas bajo tortura no son validas. En junio, un tribunal colegiado dictó una histórica sentencia que ordenó la creación de una Comisión de Investigación para la Verdad y la Justicia del caso Iguala.

Tres magistrados dieron razón a varias voces, una de ellas de la ONU. A regañadientes, un exfuncionario de la Fiscalía admitía que la propia PGR sabía que existían, al menos, dos casos de tortura documentados, un policía local y Felipe Rodríguez Salgado, conocido como El Cepillo, un supuesto sicario que habría dado la orden de asesinar e incinerar a los estudiantes. La decisión del tribunal fue respondida con dureza por el Poder Ejecutivo, quien atacó la sentencia con más de 200 recursos judiciales y afirmando que era imposible crear la comisión. La semana pasada el tribunal resolvió de forma unánime que no existe tal imposibilidad.

A partir de la polémica generada en torno a si es posible o no que los cuerpos de los 43 normalistas hubieran sido incinerados hasta su total desintegración, en un lapso de 16 horas, y en un espacio húmedo a cielo abierto, usando como combustible solo ramas y llantas, y sin que el fuego hubiese sido constantemente alimentado, un grupo de 23 especialistas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Queensland, Australia, se planteó el reto de determinar qué condiciones de combustión se requieren para obtener ese resultado.

Luego de realizar diversos estudios de campo, estos especialistas concluyeron, en un estudio presentado en junio de 2018, que “la combustión al aire libre, donde todo el combustible se coloca horizontalmente (tal como afirma la PGR que ocurrieron los hechos), no es eficiente”, por lo que “grandes cantidades de combustible son necesarias para mantener el proceso de cremación”. El estudio, además, demostró que las dificultades para mantener encendida una pira aumentan de forma proporcional al número de cuerpos a incinerar, lo cual contradice la versión oficial, según la cual, los cuerpos fueron encendidos sin dificultad y dejados al efecto del fuego hasta el día siguiente. La PGR, por contra, tiene en su poder una imagen a ojo de pájaro tomada en octubre de 2014 de la supuesta escena del crimen. La fotografía muestra una mancha de 150 metros cuadrados en el sitio. Para respaldar su afirmación, los investigadores tuvieron que escarbar en los libros de historia para hallar otro referente de maldad semejante.

Lo encontraron, nada más y nada menos, que en el Holocausto (el gran referente). Uno de los expedientes en manos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) cuenta con fotografías de cómo el Sonderkommando nazi quemó cuerpos de víctimas de los bombardeos en Dresde en febrero de 1945. A José Torero, uno de los más reconocidos peritos internacionales en fuegos, diez meses después de los hechos, las pruebas de la PGR y de la AIC no son suficientes para sustentar esa hipótesis.

El especialista publicó un experimento en la reputada revista Science donde daba razón a la Universidad de Queensland: Guerreros Unidos tendría que haber echado mano de entre dos y cuatro toneladas de madera para incinerar por completo los cuerpos .. y aún así, se habría encontrado materia orgánica en el sitio. A cuatro años de los hechos, solo han sido identificados los restos de uno de los estudiantes, Alexander Mora Venancio. Así, la parte fundamental que sostiene la verdad histórica es la más endeble: pese a lo que diga la PGR no hay evidencia para demostrar que fueron incinerados allí los muchachos

Cuatro años después, no existe una sola sentencia condenatoria para los presuntos responsables. Los familiares de las víctimas tampoco están satisfechas con las conclusiones vertidas en un expediente de 54,000 hojas. Los padres de los 43 muchachos piden verdad y justicia. Quieren saber qué pasó y dónde están sus hijos. Eso conlleva preguntas incomodas: ¿qué hacemos con el pasado? No lo sabemos como país. Por eso es importante la Comisión de la Verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s