La crisis del abasto de gasolina

PABLO TREJO CON SENTIDO

El 20 de diciembre, antes de acabar el año, Andrés Manuel López Obrador, presentó el Plan Conjunto de Atención a las Instalaciones Estratégicas de PEMEX, es decir un plan para hacer frente al robo de hidrocarburos, lo que la prensa llama Huachicoleo.

Pocos días después, más de 10 estados de la República presentan un grave desabasto de combustible que ha generado un gran malestar en la población. Evidentemente, como señaló hace algunos años el profesor Juan María Alponte, la red de robo de combustible se trata de una organización compleja, con la aparición de una demanda ilegal que casi obliga, a los asaltantes, a la organización de una Joint-Venture, una organización con varios socios y una colaboración técnica que exige especialistas y una estrategia nada simple y, además, lo que denominan los economistas italianos un centri di potere economico.

No están robando cacahuates, solía decir el profesor. Lo primero es reconocer que existe, en consecuencia, para los “vendedores”, la necesidad de un conocimiento claro del mercado y una indudable cobertura y paralela capacidad de conocimiento del medio económico lo cual exige la presencia de un HomoEconomicus que asuma la lógica de las decisiones.

Si, además, como es posible, existen grupos de saqueo de los ductos, concurrenciales, ello obliga a una organización compleja de seguridad y quizá a la existencia de un duopole, esto es, un mercado entre dos (o más) vendedores que tienen que hacer frente a los compradores lo que exige organización y poder, sobre todo, desde la “legalidad” del proceso. En suma, no se trata sólo de un robo ingente, sino de un modelo económico de ventas.

Frente a esa realidad, el plan de contención de AMLO tiene serias carencias. Desconocemos sus objetivos, diagnóstico, estrategias, metas (ya que solo se han presentado enunciados), se infiere que es el combate a la sustracción y venta ilegal de los combustibles (diésel y gasolinas) el objetivo principal, pero no hay casi nada sobre juzgar, castigar -para usar un termino que recuerda a Focualt- a los responsables y no se perdone a los responsables de éste desfalco a la Hacienda Pública.

Se puede decir, entonces, que el Gobierno de México ha fallado en el diagnóstico, diseño e implementación de la Política Pública aunado a una pésima información y comunicación gubernamental teniendo todos los medios a su alcance, lo que puede provocar y está provocando un fenómeno contrario al esperado. Veamos, el pasado 27 de diciembre, el Presidente afirmó en su conferencia mañanera: “ ..tengo la hipótesis de que, de todo el robo de combustible, sólo el 20% se da con la ordeña de ductos, mientras que la mayor parte tiene que ver con un plan que se opera con la complicidad de las autoridades mediante una red de distribución”.

Si “sólo el 20% se da en la ordeña de ductos”, queda la pregunta, ¿no hubiera sido mejor combatir el otro 80%, arreglar esta situación y juzgar y castigar a esas “autoridades cómplices” y después combatir ese otro 20%? Retomando lo que sostenía el profesor Alponte en 2015, hay que entender que las tomas clandestinas, a ese impresionante nivel, revelan ya un mercado “invisible” y una redistribución nueva que deja, en la calle, a los antiguos magnates petroleros.

Nunca más certera la hipótesis de la “mano invisible” en las “tomas” de los ductos que, por la dimensión del volumen, tenga que aceptarse que son muchas manos, pero menos invisibles de lo que creía Adam Smith. Hasta él se haría bolas con esto del huachicoleo y su combate.

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