La Conquista, la Historia y la política contemporánea

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Las recientes declaraciones de Andrés Manuel López Obrador sobre las heridas abiertas de la Conquista y la solicitud de una disculpa pública por parte del rey de España han encendido la polémica a un lado y otro del Atlántico. Baste señalas que no es la primera vez que AMLO difiere con respecto a España.

En al más reciente visita oficial del primer ministro español, Pedro Sánchez, tuvieron un desencuentro sobre la postura de ambos países con respecto a Venezuela. Ahora bien, es evidente que un espacio como este no es el indicado ni el adecuado para debatir sobre un tema tan complejo como la Conquista y la Colonización de América, pero si es importante hacer algunas acotaciones que son pertinentes desde el punto de vista político.

El debate sobre la Historia es importante, máxime en un gobierno que se ufana de no ser como los demás. Abrir el debate sobre la Historia oficial parece, entonces, sensato. También por el hecho de que en este año se cumplen 500 años de la fundación de la Villa Rica de la Verdadera Cruz, actual puerto de Veracruz. El descubrimiento de América en 1492 está considerado mundialmente como un hecho histórico trascendental que marca el inicio de la Edad Moderna.

La llegada española a América -y también la Conquista- es lo que se conoce como punto fundacional de muchos países, entre ellos México. El actual territorio mexicano estaba dividido en dos: Aridoamérica en el norte y Mesoamérica en el centro y en el sur. Particularmente este último territorio era habitado por grandes civilizaciones, que peleaban entre si en el momento del desembarco español o que, antes, se habían ido extinguiendo.

De hecho, si tenemos algún conocimiento de su vida cotidiana es por los padres de la etnografia, como Bernardino de Sahugún. La corona española nunca pretendió exterminar a los indígenas, tal cual se refleja en las famosas Leyes de Indias, publicadas en 1542 y refrendadas en 1638 por medio de Cédula Real. Quiere decir que pese a la actividad bélica inicial, España fue la primera nación en reconocer los derechos de los indígenas y la primera en abolir la esclavitud en los territorios conquistados.

Los españoles no confinaron a los indios en reservas. El mestizaje es un hecho histórico. Las misiones jesuíticas se han presentado como modelos de integración. Fueron los criollos, tras la independencia, quienes obligaron a los indígenas a renunciar a sus lenguas imponiendo el castellano.

La Conquista de América, en muchos sentidos, es la primera guerra biológica de la Historia, pues la mayor parte de los indígenas que murieron en la época lo fueron por las enfermedades que trajeron los europeos, ante las cuales ellos no tenían defensas naturales. En ese sentido, los actos de crueldad y de barbarie cometidos por algunos conquistadores fueron reflejados en las crónicas del Procurador de Indias Fray Bartolomé de las Casas, son absolutamente condenables.

Cortés -y los muchos que le siguieron, incluidos sus aliados totonacas y tlaxcaltecas– eran seres de su tiempo. Y bajo ese prisma hay que juzgarles. ¿Hay que considerar a La Malinche, una de las grandes artífices de la conquista, una traidora a una patria inexistente? La Historia hay que estudiarla con ciertas precauciones. Es loable abrir el debate histórico, no querer imponer una visión de buenos y malos (como ese dato que te enseñaban en la escuela sobre la finalización de la Conquista en 1521, cuando, por ejemplo, todavía en 1720 se mandaban misiones a lo que hoy es California, en los Estados Unidos).

Los grandes conglomerados políticos tienen una particularidad: la mezcla, de tal manera que es difícil pedir perdón en nombre de lo que hicieron los antepasados, ya que por las venas de sus herederos circula la sangre del opresor y del oprimido. Es ridículo presentar a los descubridores como simples buscadores de oro, por más que algunos lo fueran. La gesta del Descubrimiento tuvo, a pesar de los desastres habidos, su parte de epopeya. Pierre Vilar, historiador (francés y de izquierdas, por cierto), en su libro Historia de España describe la conquista de América como “la mayor epopeya de la Humanidad”.

Las dinámicas sociales y políticas se caracterizan por la complejidad. El prisma con el que hoy miramos las cosas es puramente nacional, y hacerlo desde aquí es inexacto. Andrés Manuel debería saberlo y, por tanto, plantear las cosas de otra forma.

Quizá un foro, parecido a la expo de Sevilla 92, donde los propios historiadores de uno y otro lado debatan qué fue lo que sucedió y cómo. Pero llevar ese debate al terreno de la política, la diplomacia y las relaciones internacionales parece un tanto osado, por no decir contraproducente: el mundo del siglo XXI no es el del siglo XVI.

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